2020: El año en que finalizaron los 90

Un recuerdo de Rosario Bléfari, el compás de una época y la estética de lo que se va. En esta edición «De primera mano», el escritor Diego «Catón» Sigalevich marca el 2020 como el año que terminaron los 90.

¿Cómo medir una época? ¿Es posible marcar el principio y el final? Diego «Catón» Sigalevich traza el recorrido de los 90, que parecen terminarse en estos días.

Sucesos, necrológicas, obituarios: ¿Cuándo termina una época?¿Cuál es el momento en el que cesa su contemporaneidad? ¿Qué sucesos definen el fin una época y la transforman en épica?

A fines de marzo de 2020 la distopía invadió nuestras pantallas. Ya estaba presente desde hace décadas en novelas, películas y series de Netflix, pero ahora gobernaba las noticias y los actos del Estado. Era un virus el que nos impulsaba nuestra definitiva integración al paradigma de internet y su modo de mediar en las relaciones ¿trans-humanas?

Por esos febriles días, Sergio De Loof moría con magnifica ironía de sida. (Al decir de cierto poeta) La peste que había diezmado a los amigos de su generación, muchos de aquellos cuyas semblanzas fueron nostálgicamente bordadas en el libro El otro lado de la fiesta del Dj Cristian Trincado.

Esta tarde de lunes 6 de julio, casi cuatro meses después, en una desganada remake del primer encierro de cuarentena, las redes nos sorprenden (no por las redes ya que la muerte es siempre una sorpresa) con expresiones de dolor por la partida de la bella Rosario Bléfari.

Escribo estas líneas porque conmovido no sólo escuche varias veces por YouTube Excursiones, ese extraordinario disco de Suárez en donde brilla toda la luz de su voz y su poética, sino que no pude evitar sentir que se clausuraba una época (los 90). Por supuesto que también evocaba ese maravilloso poema de Arturo Carrera llamado “En una disco”:

Rosario, le dije,
algún día voy a escribir un poema que se llame:
“Rosario Bléfari».
«No podía ser otro
el nombre -dijo tranquilamente-,
porque yo sé que en algún lugar-del mundo
Bléfari quiere decir Rosario”.

Es que de alguna manera para mí Rosario Bléfari era ese poema y no tengo dudas que esa disco era El Dorado y que en la eternidad de esa fiesta que captura el poeta se cruzan los dos universos que construirían nuestra sensibilidad del hoy: el exotismo de los cortinados con arabescos de De Loof con la chica indie de las películas de Martin Retjman y Mariano Galperín.

Pienso entonces en ese pasaje que acontecía en la cultura entre los últimos años de los 80 y los primeros de los 90. Una transición en retaguardia del romántico nihilismo de la muerte joven (Fede Moura, Miguel Abuelo, Luca Prodan) y que abría el campo de la cultura popular para los nuevos hitos, periféricos y prolíficos, que desde la adopción de ciertos metodos del punk, especialmente del Do It Yourself, negociaban con ese nuevo mundo parido por el consenso de Washington, su propia supervivencia y reproducción.

Sus marcas, nuestras marcas, nos permiten pensar esa década como mapas desplegados en el territorio de nuestra subjetividad: modos, formas, estéticas que oscilan de lo queer a lo alternativo. Pensar los 90.

No viví esos años como testigo directo pero conocí y conversé con ambos artistas en las tartulias de la librería La Internacional Argentina. Heredé de mi madre la capacidad de anticipar el futuro y la escena de esos sillones, otra de nuestras épocas, tal vez termine en un lejano futuro en un edificio parquizado o en una distribuidora de galletitas.

Por ahora, vemos pasar ese cortejo fúnebre sin cuerpos, sin abrazos, sin ceremonia y fiesta. Sólo hay allí la reproducción de imágenes y archivos de audio y video mientras cae el telón de una década.

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