Buñuel en el laberinto de las tortugas: la redención de niño rico del prolífico cineasta español

Vale aclarar que la ópera prima de Simó en realidad fue estrenada oficialmente en el Festival de Cine de Animación de Los Ángeles en el 2018, y viene de consagrarse con el premio Goya a la mejor película de animación del 2019.

Hacia inicios de la década de 1930, el cineasta español Luis Buñuel, eterno referente del cine surrealista, se zambulló en una arriesgada travesía en busca de una especie de redescubrimiento personal. La trama de Buñuel en el laberinto de las tortugas (2019), película de animación tradicional dirigida por Salvador Simó y basada en el cómic homónimo de Fermín Solís, nos revela esto mismo.

Fuente: Leedor

Se trata de una película animada que nos ofrece una visión pura de los acontecimientos desde la focalización del cineasta ultraísta, cuando sumido en el desánimo ante la negativa de diversos productores en financiarle sus próximos proyectos (luego de los exitosos pero controversiales estrenos de Un perro andaluz yLa edad de oro), decide grabar un documental. Su inspiración nace de un ensayo etnográfico acerca de Las Hurdes, una pequeña comarca, aislada y olvidada, situada en algún rincón de Extremadura (región de España) donde el hambre arrasa fiero y gobierna la indiferencia. Junto a su fiel compañero, el pedagogo anarquista Ramón Acín (quien fuera fusilado poco tiempo después, en el marco de la Guerra Civil española), emprenden un viaje al interior de la comunidad para grabar un documental de problemática social que, en primera instancia, genera un distanciamiento de ese surrealismo ortodoxo que caracterizaba las primeras obras del realizador.

Lo cierto es que el largometraje animado está centrado en la intensa relación de amistad que une a Buñuel y Ramón Acín, incluso carece de profundidad en el contexto de época y no hace referencia a la coyuntura socio-política que estaba atravesando Europa, el mundo y España en particular (salvo en las oportunas y esclarecedoras placas de texto incluidas al inicio y al final de la película). El film se deja llevar a través de un tono dramático y emotivo que prepondera y que se vuelve intrínseco y personal (como decíamos, el relato está narrado y expuesto casi íntegramente desde el punto de vista de Luis Buñuel, sin saltos ni rupturas de la perspectiva interna y personal del cineasta). Este clima de film melodramático alcanza su auge y sus momentos de mayor esplendor en las secuencias y pasajes oníricos que develan ese mundo interno y conflictuado del director. Se trata de irrupciones abruptas que nos introducen de lleno en su mundo introspectivo y, como espectadores, nos llevan a deambular en los espacios más recónditos y reprimidos de la mentalidad del director español: advertimos sus miedos, descubrimos sus defectos, presenciamos sus pesadillas y se nos revelan los demonios de su pasado. Pero no debemos confundirnos, porque en ningún momento parece tratarse de recuerdos puros y cerrados, sentenciados en el tiempo (cual si fueran flashback), sino que se trata de imágenes nubladas, memorias turbulentas, eclipsadas y contaminadas por los miedos y alucinaciones del cineasta rupturista (la frialdad de su padre, el religioso cariño de su madre, el ingenuo entusiasmo de un niño que quería jugar a contar la realidad de otra manera).

Entre estas magníficas secuencias animadas cargadas de simbolismo y poesía visual (una poesía que, a la vez,  se puede advertir en el título del film), se va entrelazando una trama narrativa mucho más oscura y sombría: pobreza extrema y manifiesta, deshumanización, muerte, desolación y exclusión, diferencia y desigualdad naturalizada, instalada. No quedan dudas de que las imágenes animadas buscan impactar… pero no lo logran. Lamentablemente vivimos acostumbrados a estas realidades, y las escenas y momentos seleccionados por Simó para conmocionar con esa hambruna gráfica, explícita y desesperada termina cayendo en lugares demasiado comunes, imágenes que por momentos se vuelven hasta gratuitas y arbitrarias. No obstante, funciona cuando se va intercalando cada instancia del recorrido del exhaustivo rodaje con fragmentos originales de la cinta documental estrenada en 1933, y por lo tanto en acción real.

Pero al fin y al cabo, Buñuel en el laberinto de las tortugas es una película cuyo eje temático es el estrecho vínculo de hermandad entre Buñuel y Ancín, sus diferencias y sus empatías, y que a la vez nos habla de la redención del prolífico realizador español, que asume su condición de niño rico (así lo llama literalmente su colega en un pasaje de la animación), y acepta su responsabilidad, un desafío del que ya no puede escapar una vez que define el rumbo de su proyecto documental: mostrar esa verdad de la manera más cruda para interpelar y hacer algo al respecto, para concientizar y no ser cómplice a la naturalización de la injusticia social de los tiempos que corren. ¿Cómo mostrarlo? Reconstruyendo dramáticamente el pesar de esa comunidad, y no a modo de documental testimonial-observacional (aunque aparente serlo). Si había que tomar riesgos axiológicos y morales, como sacrificar y asesinar una cabra o hacer que una colmena repleta de abejas devoren a un pobre burro, Buñuel iba a tomarlos. Porque no se trataba de capturar la realidad tal cual se les presentaba ante ellos en su recorrido por Las Hurdes, sino de exhibir ante un público impasible y escéptico esa verdad urgente. Desde ya que esto generó y sigue generando polémica, pero el objetivo era concreto: tenía que llegar el mensaje.

“No es una farsa, es una reconstrucción dramática de la realidad”, afirma obstinado Luis Buñuel en escena, convencido de lo que el arte del cine significaba para él. Simó elige mantenerse aferrado a esa lectura de la identidad de Buñuel, a esa faceta, y es la única que se sostiene a lo largo de la película (con sus capas internas y sus problemáticas contradicciones de artista bohemio incomprendido). Esa es la representación que queda del realizador español, que termina otorgando a la película unidad, cohesión y momentos de profunda emoción.

Buñuel en el laberinto de las tortugas se presenta en el marco de Espanoramas: festival de cine español en Cinépolis Recoleta (del 5 al 11/3).

Ficha técnica:

Director: Salvador Simó

Producción: Manuel Cristóbal, José M. Fernández de Vega

Guión: Eligio R. Montero, Salvador Simó

Basado en: Buñuel en el laberinto de las tortugas de Fermín Solís

País: España

Año: 2019

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