Consecuencias psiquiátricas de la pandemia

Niños y adultos mayores podrían sufrir a consecuencia del aislamiento, mientras que el personal sanitario es uno de los grupos más expuestos, con mayor estrés laboral, miedo al contagio o padecimiento de la enfermedad.

Los profesionales del campo de la psiquiatría y la salud mental, consideran que una importante cantidad de personas sufrirán el impacto psicológico, efecto de la pandemia.

Fuente: UBA

Las consecuencias de la pandemia por coronavirus son múltiples y afectan a la sociedad en varios sentidos. En cuanto a la salud mental de la población, ésta se podrá ver afectada por disímiles factores que van desde los más funcionales, vinculados al estrés psicosocial, hasta aquellos más neurobiológicos ligados a la propia enfermedad por Covid-19.

¿De qué manera afecta la enfermedad y el aislamiento a los diferentes grupos etarios? Cuáles son las personas más vulnerables? ¿Cuáles son las mayores preocupaciones de los profesionales de la salud?

Para responder estas y otras cuestiones, entrevistamos al Dr. Patricio Cristóbal Rey, Especialista Universitario en Psiquiatría y Psicología Médica,  Jefe de División Docencia e Investigación del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital de Clínicas “José de San Martín”.

¿Están aumentando las consultas e internaciones por problemas psiquiátricos durante el aislamiento?

En el campo de la Psiquiatría y la Salud Mental, a nivel mundial se está observando un importante aumento de pacientes que presentan casos de urgencia, al mismo tiempo que se han reducido las consultas de rutina. Uno de los riesgos futuros es que niños y adultos mayores no reciban el apoyo que necesitan. El hecho de que los niños lleven meses sin acudir al colegio y de que las personas mayores se hayan tenido que aislar, llegando al miedo a salir a la calle o a ir al hospital, son factores que tendrán un impacto negativo que se verá a futuro con el aumento de individuos y grupos con crisis de todo tipo. El impacto psicológico de los eventos estresantes relacionados con un brote de enfermedad infecciosa, está mediado por las percepciones individuales de las personas.

¿Hay forma de prevenir estos síntomas?

Muchos estudios observaron que los tratamientos psiquiátricos oportunos, proporcionan el control y la atenuación de síntomas psicológicos y psiquiátricos, disminuyendo la somatización, la repercusión física del estrés con disminución de la morbilidad y/o el empeoramiento o aparición de enfermedades médicas y secuelas neurológicas.

Además del aislamiento en sí, ¿la pandemia y sus consecuencias provocan que las personas se sientan más vulnerables, y tengan problemas psicológicos o psiquiátricos?

En la actual pandemia por coronavirus hay diferentes grupos de personas en la población general, con distintos grados de afectación de su salud mental asociada a factores que van desde los más funcionales vinculados al estrés psicosocial, hasta aquellos más neurobiológicos ligados a la propia enfermedad por SARS-CoV-2. Una importante proporción de personas, sufran o no la enfermedad por coronavirus, presentarán síntomas psicológicos, psiquiátricos y neuropsiquiátricos, siendo muchos de estos pacientes parte del personal sanitario que se encuentra más expuesto, con mayor estrés laboral, miedo al contagio y/o contagio efectivo con padecimiento de la enfermedad. Los pacientes con sospecha o confirmación de Covid-19, experimentan miedo intensificado y estrés a las consecuencias negativas de estar infectado y, si son personal sanitario, se le agrega un incremento de alerta por mayor potencial de contagio propio y de sus familias por vínculo convivencial.  

¿Y las personas que están haciendo aislamiento obligatorio?

Aquellos que están en cuarentena, también pueden experimentar aburrimiento, soledad, miedo y peligro inminente no solo de enfermedad sino de conflictos interpersonales, dificultades económicas e incertidumbre futura.

Justamente, ¿Cuál es el efecto de toda esta situación sobre el personal de la salud? ¿Se han efectuado estudios al respecto?

La depresión, la ansiedad y los síntomas relacionados con el trauma se han asociado con brotes de Coronavirus, pero no está claro si los riesgos son atribuibles a infecciones virales per se o a la respuesta inmune del huésped.

Los estudios de trabajadores de la salud durante anteriores pandemias, e incluso con la actual, sugieren que la frecuencia y la gravedad de los síntomas psiquiátricos están asociadas con la proximidad a pacientes infectados. Sin embargo, no se han realizado estudios que comparen los resultados psiquiátricos en los trabajadores de la salud que contrajeron CoV durante las pandemias versus aquellos que no lo hicieron.

¿Y qué surgió de esos estudios?

Aunque actualmente existen datos muy limitados para los síntomas psiquiátricos relacionados con Covid-19, los sobrevivientes de SARS-CoV-1 fueron diagnosticados clínicamente con trastorno de estrés post traumático (54.5%), depresión (39%), trastorno de dolor (36.4%), trastorno de pánico (32.5%), y trastorno obsesivo compulsivo (15.6%) a los 31 a 50 meses después de la infección, un aumento dramático de su prevalencia, previa a la infección de cualquier diagnóstico psiquiátrico del 3%. Por lo tanto, la necesidad de un seguimiento sostenido de tales síntomas relacionados con la infección por SARS-CoV-2, más allá de documentar los niveles de estrés agudo, es primordial y urgente.

Volviendo a la población en general, ¿Cuál cree Ud. que son los mayores problemas en el campo de la salud mental, en este momento?

En relación al aislamiento social obligatorio, los mayores problemas sanitarios en Psiquiatría y Salud Mental en este momento a nivel mundial, están siendo varios como la falta de controles de rutina, el abandono de los tratamientos con la consecuente descompensación de los cuadros preexistentes, el incremento del autodiagnóstico, la automedicación, el abuso o uso irracional de psicofámacos incluyendo el incremento de adicciones (tabaco, alcohol y drogas), la falta de asistencia y el aumento de mortalidad por sobredosis. A todo esto se agregan la falta de datos por el subregistro debido al miedo a consultar por parte de los pacientes.

¿Qué sucede con el sueño?

La cuarentena está afectando a nuestros hábitos diurnos y nuestro patrón del sueño, ya sea por la ansiedad que genera el constante flujo de información sobre el virus, la posibilidad de contagio o la falta de una rutina diaria. La afectación del hábito circadiano de la población general ha incrementado los trastornos de sueño y, los más comunes durante la cuarentena, son las dificultades para conciliar el sueño (insomnio de conciliación), para mantener el sueño (insomnio de mantenimiento), el insomnio mixto de conciliación y mantenimiento, el dormir demasiado o hipersomnia, el despertar precoz y el corrimiento del hábito de sueño ligado a la falta de rutina y alteración del ritmo circadiano.

¿Qué recomendaciones haría a los pacientes y a los familiares en este momento?

Tener siempre presente el riesgo que puede causar a sí mismo o a los demás en su entorno si no sigue el aislamiento indicado: La percepción pública del riesgo de una pandemia de este tipo es muchas veces difusa y poco clara. Mantenerse al día sobre lo que está ocurriendo, pero limitando su exposición a los medios de comunicación. Evitar mirar o escuchar continuamente las noticias puesto que esto incrementará su ansiedad y preocupación. No olvidar que los niños son muy sensibles a lo que oyen y ven en televisión. Hablar con ellos del tema sin ocultar información, pero adaptándola a su edad y nivel de comprensión. Acudir a fuentes fiables de información sobre el brote epidémico, sin mirar indiscriminadamente en internet y acudir a las páginas web del Ministerio de Salud y de sitios seguros.

Afrontar las preocupaciones: Indagar en su Centro de Salud u otro proveedor de salud sobre la cobertura de las medicaciones que podría necesitar durante el proceso asegurando su provisión. Preguntar todo lo que estime necesario a su médico, enfermera o trabajador social sobre las circunstancias que le preocupen de una cuarentena o del aislamiento.

Mantener el trato social: Estar vinculado con las personas en las que uno confía es la mejor forma de reducir la ansiedad, la depresión, la soledad y el aburrimiento durante un aislamiento social por cuarentena. Mantener operativa la capacidad de relacionarse por las vías que se puedan, que permitan la comunicación, sin abusar de los mismos. Hablar cara a cara a través de Skype o FaceTime. En el caso de los pacientes en tratamiento por salud mental y tienen alguna necesidad en materia de salud mental, es importante que no abandonen el contacto con sus profesionales tratantes.

Organizar una rutina individual y familiar: Realizar un tiempo de ejercicio es fundamental, incluso con los niños y los jóvenes, que están muy energéticos y les cuesta mucho estar sedentarios. De la misma forma puede ayudar a las personas con ansiedad, inquietas, con estrés. Pautar horarios de comidas, trabajo, deberes académicos, lecturas: si es un escolar, implementar horarios de clases (se facilitan clases en canales de TV, aplicaciones de los colegios, páginas web), si se está trabajando en domicilio pautar horarios, las personas mayores deberían hacer las tareas que haría normalmente. Mantener una periodicidad vigilia-sueño estable y saludable. Dietas alimentarias adecuadas, equilibradas y saludables. Participación en las actividades comunitarias dentro de las posibilidades.

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