Destructores de arte

La pintura agredida es Busto de una mujer que el maestro malagueño pintó en París en mayo de 1944, durante los últimos meses de la ocupación nazi, y representa a su amante, Dora Maar.

Hace pocos días salió la noticia que un estudiante de 20 años atacó una pintura de Picasso valorada en más de veinte millones de libras esterlinas que se encuentra colgada en el Tate Modern de Londres. 

Fuente: Leedor

¿Qué mueve a una persona que destruye una obra de arte? ¿Anhelo de ser el centro de atención? ¿Exhibicionismo y fama? ¿Quedar asociado al genio del autor de alguna manera u otra manera? ¿Creen que, destruyendo, crean algo nuevo? ¿Una forma rara de belleza?
Por desgracia, ejemplos de destrucción de arte y patrimonio hay de sobra. En la invasión a Roma muchas piezas fueron demolidas, incendiadas; los protestantes destruyeron una infinidad esculturas y pinturas de iglesias católicas en toda Europa; más cerca en el tiempo, los talibanes derribaron el Arco del Triunfo de Palmira, una puerta de entrada a la ciudad que llevaba más de dos mil años en pie, y así sucesivamente.

Hace pocos días salió la noticia que un estudiante de 20 años atacó una pintura de Picasso valorada en más de veinte millones de libras esterlinas que se encuentra colgada en el Tate Modern de Londres. Este museo londinense no tiene descanso, en agosto pasado un adolescente arrojó al vacío a un niño desde uno de sus pisos. El niño, francés de seis años, sufrió conmoción craneal y graves lesiones en la columna vertebral. Se encontraba de vacaciones con su familia y visitaba el centro de arte cuando fue arrojado al vacío sin motivo aparente.

Pero volvamos al Picasso. La pintura agredida es Busto de una mujer que el maestro malagueño pintó en París en mayo de 1944, durante los últimos meses de la ocupación nazi, y representa a su amante, Dora Maar. Ahora, la obra está fuera de exhibición, valorándose sus daños. Según ha informado el museo, el cuadro fue rasgado, pero de momento no hay muchos detalles sobre cómo fue atacada dicha pintura ni en qué estado quedó. Algunos medios dicen que la pieza fue “destrozada”.

El atacante fue identificado como Shakeel Ryan Massey, con residencia en Londres pero que vivió y estudió en España, más específicamente en San Javier (Murcia). El colmo es que cursó el bachillerato en Artes Plásticas. El diario La Opinión de Murcia informa que el joven dejó una nota colgada en sus redes sociales que rezaba: “Pensaréis que es impulsivo y de la nada, pero son más de tres años de planificación. Siento no haberme despedido de muchos de vosotros, los de mi pueblo, Salinas, Larios, Pablo Pulpo… La mitad me hubierais asesinado. No creo que llegue a ser uno de los mejores de nuestros tiempos, pero sí el más prolífico, y espero volver en un par de años habiendo conseguido todo lo que creíais que era capaz de conseguir y más”. Sin comentarios.

Un profesor que le dio clases a Massey comentó que la concepción del arte de su estudiante “era muy radical”, aunque tanto él como el centro de estudios quedaron sorprendidos por la noticia que tiene a su exalumno como protagonista. Sin embargo, Massey no tiene ninguna originalidad. Antes de él hubo otros tantos personajes: el atacante de la Piedad de Miguel Angel y el de Ronda de la noche de Rembrandt declararon ser hijos de Dios; el agresor del David de Miguel Ángel confesó que era un pintor frustrado y que envidiaba infinitamente al genio nacido en Caprese. Otro, el que lanzó ácido al cuadro La caída de los condenados, de Rubens, declaró ante el juez que necesitaba “sobresaltar al mundo” para comunicar algo sumamente importante para el futuro de la humanidad. Los métodos de ataques van desde las armas blancas pasando por los ácidos y llegando hasta martillos y mazas. Así fueron agredidas obras como la Gioconda de Leonardo, un mural de Rothko (que también en la Tate Modern actualmente), y otras tantas.

Los amantes del arte rezan para que no aparezcan más Massey´s, perturbados o adolescentes que buscan fama, suplican para que obras maestras estén bajo cobijo.

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