Empoderarnos en la cuarentena

La pandemia de Coronavirus Covid 19 nos enfrenta a un cambio radical en nuestras costumbres.

El profesor de la Facultad de Psicología Ricardo Iacub destaca que «solo un gran objetivo, como es prevenir la enfermedad, hace posible que el quedarnos en casa tome un valor esencial». 

Fuente: UBA

La pandemia de Coronavirus Covid 19 nos enfrenta, permanentemente, a nuevos desafíos. Ricardo Iacub, profesor asociado regular de «Psicología de la Tercera Edad y Vejez» de la Facultad de Psicología, afirma que estamos «expuestos de un modo vertiginoso a situaciones tan inusuales como perturbadoras que afectan, en mayor o menor medida, nuestros recursos de afrontamiento psicológico».

Iacub agrega que «Muchos de nosotros nos encontramos con reacciones emocionales muy diversas, tales como miedo, ansiedad, irritabilidad, enojo, desazón, falta de interés y motivación, que pueden afectar funciones cognitivas, como la atención y la memoria, y hasta alterar el sueño y el apetito. Más aún cuando debemos aislarnos de los otros, limitar nuestras actividades y cuidar muchos detalles de lo cotidiano. Solo un gran objetivo, como es prevenir la enfermedad, hace posible que el quedarnos en casa tome un valor esencial»

El mayor énfasis debe estar centrado en los mayores de 65 años, ya que forman el grupo más vulnerable, en cuanto a la tasa de mortalidad. Pero Iacub aclara que «Cada ser humano merece el mismo cuidado y no hay grupos de edades que valgan más que otros. Empoderarnos con la situación es el mejor mecanismo para prevenirnos y mantenernos sanos. Para ello son necesarias la información y una expectativa positiva para saber cómo y para qué cuidarnos. Ser grandes permite rever experiencias que puedan servirnos para este momento. Uno de los cambios más importantes que ya podemos sentir es el quedarnos en casa y tener que planificar algo muy diferente de lo habitual y en el que debemos atender y cuidar el día a día».

Iacub, que viene trabajando con el PAMI, nos da algunas recomendaciones que debemos tener en cuenta y cuidar que nuestros mayores también lo hagan.

– Salir de la cama. Los largos períodos de aislamiento pueden llevarnos a que la cama se convierta en un espacio más habitual y con ello modificar hábitos de higiene, vestido y arreglo, así como perturbar los tiempos de sueño y vigilia.

– Abrir las persianas. El reloj biológico puede verse perturbado al estar mucho tiempo en un lugar cerrado y, por ello, es importante reconocer los cambios del día a la noche. Además, airear el ambiente no solo mejora las condiciones de salubridad, sino que nos conecta con el afuera.

– Cuidar nuestro arreglo cotidiano. Es importante ducharse, vestirnos, aún cuando los otros no nos vean.

– Atender la alimentación. Los hábitos alimenticios pueden ser uno de los espacios centrales del día, a los que resulta de gran valor dedicarles tiempo, tanto para cocinar como para comer. Al quedarse dentro puede que se desdibujen dichos contornos del día, pero no resulta beneficioso.

– Planificar el día. Es una de las tareas más difíciles ya que no hay compromisos externos, pero armar una rutina y sostener una adecuada disciplina es lo que puede llevar a que el tiempo se dinamice y podamos reconocer lo que pudimos lograr cada día.

– Activar nuestro cuerpo. Los organismos internacionales recomiendan especialmente para personas mayores hacer al menos 30 minutos por día de actividad física: Aeróbica, anaeróbica, de equilibrio y estiramiento. La casa puede ser un lugar adecuado para realizar cada una de estas prácticas que benefician a nivel físico, emocional y cognitivo.

– Trabajar las funciones cognitivas. A través de diversas formas de estimulación, podremos mantener un buen desempeño y lograremos que el aislamiento no perturbe nuestros recursos psicológicos.

– Desarrollar actividades creativas. Pintar, ordenar fotos, hacer arreglos, o muchos otros, llevan a que nos reconectemos con nuestros intereses y que podamos disfrutar de algo que puede ser más privado y con tiempos más personales.

– Encontrar vías de encuentro. La comunicación es básica para los seres humanos y por ello es importante explorar otros caminos: el teléfono, Facebook, WhatsApp o incluso hablar a lo lejos con los vecinos,.para pensarnos, mimarnos, escucharnos.

– Limitarnos con lo que podemos saber. Los medios de comunicación cumplen con darnos informaciones valiosas, pero cuando escuchamos más de lo mismo, probablemente solo nos genere más ansiedad y perturbación.

– Pedir ayuda. Si nos encontramos confundidos/as y nos cuesta manejar lo cotidiano; si la tristeza o la ansiedad superan nuestra capacidad de dominio, es muy importante recurrir a los  seres queridos o a un profesional en la materia.

– Jugar. Nos permite divertirnos, olvidarnos y estimularnos mentalmente, quizás necesitemos hacerlo con otro a la distancia, pero el desafío lúdico siempre está presente. Seguir en contacto. Más allá de las limitaciones en el contacto físico

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