El futuro de los pagos electrónicos en Argentina

¿Llegaremos a tener un país con pagos electrónicos tan difundidos como para que deje de ser negocio para un comercio no recibirlos? ¿Habrá en algún punto de nuestro oscilante recorrido económico como Nación una voluntad real cristalizada en medidas concretas para combatir la economía informal en efectivo, que oscila entre el 50% y el 60%?

Adrián Cammarota (*) escribe sobre las posibilidades que tiene el desarrollo tecnológico en Argentina, sus desafíos y la digitalización como forma de inclusión social.

Escuchamos por estos días con mucha frecuencia los términos “inclusión financiera”; “digitalización”; “economía informal”; “presión fiscal”; “Bancos” y “Fintech” pero; ¿Cuál es el vínculo entre todos ellos? Asistimos, desde mi punto de vista, a una utilización “banalizada”, por llamarla de algún modo, del término Inclusión Financiera y es necesario entender que este término o el de “Inclusión a través de las Finanzas” que es equivalente, son conceptos centrales para los años venideros, porque una sociedad más justa necesariamente debe incluir, debe tender a igualar derechos y obligaciones.

Esto, desde una visión superficial, puede entenderse simplemente como bancarizar a quien no está bancarizado, darle una tarjeta de crédito o débito, una cuenta bancaria, pero no, no necesariamente es ese el camino completo. No son los números en cuanto a cantidad de personas bancarizadas el principal problema que enfrentamos, sino el uso de medios electrónicos de pago. Tener una cuenta bancaria sin las herramientas de conocimiento necesario para usarlas y aprovecharlas correctamente no mejoran la situación, ya que un porcentaje excesivamente alto de personas retira por caja la totalidad de los fondos acreditados en sus cuentas.

El reinado del efectivo junto con la falta de “Educación Financiera” son problemas que atraviesan a todas las clases sociales. Como contracara, la falta de inclusión genera un perjuicio directo a quien sí está incluido, porque los organismos de recaudación tienden a replicar una espiral negativa en la que, ante la falta de recursos, buscan siempre en los mismos lugares y, si señores, somos aquellos que ya estamos “incluidos”. Es en esta línea de pensamiento que considero razonable pensar que igualar derechos y obligaciones en sentido estricto, además de incluir al excluido permite alivianar la carga del “incluido”. En términos reales, la falta de inclusión afecta a toda la sociedad en general y es esperable y deseable que avancemos en políticas concretas de Inclusión Financiera como camino virtuoso hacia una sociedad un poco más justa.   

Hay un vínculo estrecho entre la digitalización de pagos (entendida como la difusión masiva de los pagos “en vivo” a través de cualquier medio de pago que no implique el uso de efectivo) y la inclusión financiera. Hace algunos días en un muy recomendable Podcast llamado “Sin Sucursal” que se puso como objetivo hablar de Fintech sin “hablar en difícil”  el ex vicepresidente del Banco Central, Lucas Llach, contaba que en ocasión de haber recibido la visita institucional de Máxima Zorreguieta, Reina de Holanda, quien venía trabajando activamente en el impulso de las microcréditos a los que definía como un “antídoto contra la pobreza”, sostuvo que lo que seguía a continuación naturalmente era la digitalización, porque digitalizar implicaba incluir financieramente.

Es probable que esta afirmación, sin mayores argumentaciones, resulte un poco difícil de asimilar, pero intentaré expresar, del modo más sencillo posible, por qué suscribo a dicho postulado. En primera instancia debo decir que lo que pretendemos hacer desde cualquier empresa Fintech es simplificar todo lo relativo a las finanzas, de modo tal de hacer que cualquier operación financiera sea más sencilla, rápida y segura a través del uso de la tecnología, de allí viene, no está de más aclararlo, la acuñación del término que nos engloba, Fintech.

 A la rapidez, seguridad y sencillez se suma un factor clave en lo que hacemos, que se agrega a estas características ya beneficiosas en sí mismas, y que consiste en que se puedan hacer a un menor costo que en un canal tradicional. El sector Fintech tiene, en general, estructuras livianas que permiten obtener del uso de la tecnología soluciones que no cargan con el enorme peso “estructural” que tienen los bancos o entidades financieras tradicionales, por ejemplo, al ofrecer los mismos servicios. En la posibilidad de ofrecerlos a un valor muy bajo, con rentabilidad, pero una acorde a las pequeñas estructuras, y no una que parte de la presunción de que cualquier movimiento tiene que generar una utilidad desmesurada respecto de este, ni mucho menos del nefasto hábito bancario, sustentado en décadas sin consecuencias ni competencia, de cobrar por cada pequeña cosa, amparados en detentar el monopolio de todo lo referido a pagos, cobranzas, créditos, etc.

No hay una guerra Fintech vs. Bancos, no existe tal cosa en términos reales, ya que las Fintech necesitamos de los Bancos, y, más temprano que tarde, los bancos comprenderán que la “complementariedad” es el camino más virtuoso que podemos transitar, con beneficios para ambas partes, y por sobre todo para los usuarios en general. Lo que si existe es la resistencia, natural y esperable, que se da en cualquier cambio de paradigma.

 Efectivamente esto se trata, ni más ni menos, que de un cambio de paradigma y frente a ello se ponen en marcha infinidad de mecanismos que tienden a retrasar el cambio. En defensa de algunos intereses mezquinos y algunos privilegios se puede retrasar, con un enorme gasto de energía y recursos, un cambio de paradigma, pero la historia nos indica que nunca se ha podido detener. Un gran ejemplo, que viene a colación, es el DEBIN, que no es ni más ni menos que un “Débito Inmediato” en el que un comerciante, por ejemplo, solicita autorización para que un cliente acepte un débito de su cuenta, este último acepta y se produce la transacción de manera instantánea, sin tarjetas, sin efectivo, sin billeteras. Este sistema ha encontrado gran resistencia por parte de los bancos, que participan de modos diversos en las transacciones digitales con tarjetas de crédito y débito por caso, y tal vez les incomoda percibir que pueden perder “mercado” frente a modelos superadores, como mínimo en términos de costos. En verdad los modelos pueden y deben coexistir, las tarjetas, los “plásticos” seguirán existiendo por algunos años, y está claro que pueden convivir perfectamente con un modelo en el que el DEBIN potencie las transacciones con QR, un modelo en el que pequeños comercios y clientes con bajo acceso a la bancarización o sin acceso a ella puedan transaccionar digitalmente a muy bajos costos.

Es en este punto en el que debiera primar la convicción de que el enemigo común es ese 50% o 60% de economía informal, en efectivo, que ganar terreno en la formalización permite pensar en una “torta” impositiva más grande que nos puede llevar, tal vez, a lograr un esquema impositivo que contemple las realidades de estos segmentos de la sociedad que están en la informalidad. Un universo de transacciones más grande brinda la posibilidad de pensar en impuestos más bajos y justos, además de desbaratar enormes negocios que se sustentan en esa economía informal, en la plata en “negro” que es realmente nociva para el país.

Por eso, digitalizar no es sinónimo de inclusión, pero digitalizar nos lleva a la inclusión y por eso digitalizar debe ser una política de estado que trascienda a los gobiernos, debe ser una aspiración como país, porque es en este tipo de consensos en los que podemos pensar con optimismo en nuestro futuro como Nación, y, a pesar de cierta demora, aún estamos a tiempo de hacerlo. Probablemente no exista un mejor momento que el actual para fijar cimientos sólidos en el sentido correcto.    

(*) Adrián desarrolla la Fintech Cobro Simple y trabaja en el desarrollo, operación y consultoría de software y servicios informáticos enfocados en simplificar el acceso a tecnologías emergentes y nuevos modelos de negocios en la era digital.

Comentarios

  1. Tarcisio

    Gracias por tu nota Adrián! Muy interesante! Quisiera leer más sobre tus proyectos. Me parece clave establecer relaciones entre desarrollo sostenible, inclusión financiera y negocios en la base de la pirámide. Abrazo!!

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