Muchas veces se peca en confundir la obligación de los gobiernos a informar sus actos con el mero hecho de propagandear. Situación que genera una mutación hacia el mercadeo.
Como si se hiciera no porque está bien, sino porque se espera que eso que se hace genere una respuesta favorable hacia “quien hace”. Está obstinada lucha por conformar a los ciudadanos en tanto públicos de consumo provoca, entre otras cosas, la peligrosa maniobra de estar atentos a lo momentáneo y el olvido de los proyectos a largo plazo.
Cuando el afán de propagandear lo domina todo, se suele caer en el descuido de la comunicación en todas sus formas. Un párrafo destacado se merece la comunicación visual que implica considerar aspectos estéticos, no sólo sobre el modo en el que las cosas son dichas, sino también en el modo en el que eso que se dice se muestra. Situación que sólo es mala si se torna única. Es decir, si simplemente se crean slogans vacíos de contenidos.
En la actualidad, en la provincia de Buenos Aires estamos inmersos en campañas de mercadeo.
El impacto visual que se busca por parte de los gobernantes es llamativamente peligroso. La comunicación se constituye como un arma de doble filo en tanto las currículas escolares, por citar un ejemplo, sigan abordándola como un mero tecnicismo. No hay noción de una educación expandida en este campo, como plantea Jesús Martín Barbero y por lo tanto no se brindan herramientas sobre cómo analizar eso que se ve en la Tele.
En el terreno de la política parecería que todos están habilitados a hablar de comunicación y por ello, se termina ejerciéndola con descuido. Todos quieren una página Web pero muy pocos saben qué hacer con ella.
En este análisis no busco abordar lo que se dice sino el modo en el que se dice o muestra. Daniel Scioli siempre ha sido referenciado con un mensaje esperanzador sin embargo, llama la atención el uso del negro como “color”, (y lo coloco entre comillas porque en negro no es un color sino que es un valor) distintivo de su gobierno. Desde que asumió todas las carteleras de las dependencias del gobierno de la Provincia fueron reemplazadas por otras que usaban el negro y el gris como valores referenciales y una grafía en blanco. Estos valores se muestran también en los portales digitales.
El negro en tanto valor es la ausencia de color, es el no color. Implica la ausencia de. Se trata de un “color” negativo relacionado con el duelo, el luto y la muerte. Es el fondo del pozo, la intransitabilidad, el final del juego o la carrera.
La falta de experiencia en la selección colores justamente en una sociedad determinada por lo visual, el consumo televisivo y digital, genera que a veces se usen en el terreno de la política colores que bien quedan en decoración de interiores.
Ahora, Scioli aportó un nuevo color a su gestión: el naranja. Un color que se usa para estimular la mente, para pensar y hacer pensar. Pero no es el adecuado en cuanto al mensaje que se busca dar.
Más claramente, el discurso que lleva adelante Scioli para celebrar el bicentenario está relacionado a un renacer, a un comenzar de nuevo. Lejos de representar esto, el naranja representa la puesta del sol, la culminación (del día).
También es asociado al otoño, a la caída (de las hojas), la antesala del invierno, al frío y nuevamente el negro, el gris y el blanco de la grafía (los colores con los que se representa al invierno).Claramente estamos frente a un gobierno que busca decir unas cosas pero muestra otras.
Es momento de repensar la comunicación política.
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