Por Joaquin Baliña
"La rebeldía a los ojos de todo aquel que haya leído algo de historia, es la virtud original del hombre… " (Oscar Wilde)
Hay una etapa en la vida de todo joven que debe ser entendida como una de las más importantes; me refiero al momento en el que se percibe que nuestro entorno, nuestra realidad circundante, no es la misma que nuestros padres nos representaban a través de cuentos y explicaciones fantasiosas, intentado pintar un mundo feliz y armónico.
La juventud es un momento de dudas, transiciones, cambios, alteraciones, y por sobre todo, rebeldía. Es esta rebeldía tan maltratada, criticada y tirada a suelo por la psicología y el sentido común la cualidad que más debemos proteger: pero no me estoy refiriendo aquí a la mera queja disconforme de los caprichos, sino a la oposición a seguir reglas fijas; querer descubrir el mundo, no dejar que nos digan qué hacer y qué no, sino probar por nosotros mismos y por sobre todo, ser nosotros mismos los dueños de nuestras vidas.
El filósofo Bertrand Russell nos dice: “Si bien es deseable que los mayores muestren respeto a los deseos de los jóvenes, no es deseable que los jóvenes muestren respeto a los deseos de los viejos. Por una razón muy simple: porque se trata de la vida de los jóvenes, no de los viejos”. (Russell 1930: 117) Debemos hacer con nuestras vidas aquello que queramos y nos haga felices, eso nos dice Russell, pero no debemos olvidar que tanta libertad no es gratuita; cargamos a nuestras espaldas con la enorme responsabilidad de marcar el futuro: como argentinos; de la Argentina, como latinoamericanos; de Latinoamérica, y especialmente, como humanos; del mundo. Y la rebeldía es nuestra aliada, la rebeldía nos hace los espíritus disconformes por excelencia del mundo, y es tiempo de ver la disconformidad como una virtud, como la herramienta de cambio, la llave para no moldearnos a un sistema y una forma de vida que, como percibimos, mantiene a demasiados olvidados en la pobreza, producto de la miseria, el egoísmo, la violencia, los abusos y las grandes desigualdades.
Nuestro rol como jóvenes es oponernos a esta realidad, estudiar por quiénes no puedan hacerlo y dedicar nuestras vidas a hacer un mundo mejor. Y el primer paso para quien realmente quiera hacer esto, es salir de nuestra burbuja, de la burbuja en la que el colegio y en muchos casos la familia nos encierra. Debemos tomar contacto con el mundo tal cual lo vemos y percibimos, y por sobre todo, debemos tomar como aliados los millones de escritos; libros, artículos, ensayos, poemas, novelas, documentales y maravillosas películas que nos ayuden luego a interpretar y entender. No es cuestión de olvidar que “La revolución radical, es la revolución de la consciencia” y en función de nuestra revolución, necesitamos de estos poderosos aliados, que ayudan a despertar mentes adormecidas por tanta televisión, Messenger, Facebook, Fotolog, video juegos, excesos de alcohol y drogas, y veremos como la realidad es percibida de forma diferente, porque entender el mundo es cambiarlo a la mirada de nuestros ojos, y una vez cambiada nuestra visión, veremos cómo el momento de la acción propiamente dicha llega. El camino a tomar es decisión de uno, y en cada uno de nosotros está la decisión de la clase de vida que queramos llevar adelante. El camino es largo, y justamente se trata de disfrutarlo, porque la meta, para los espíritus rebeldes, nunca se alcanza. Tenemos un gran deber, y es momento de actuar concisa e intelectualmente en un mundo ya bastante derruido por la codicia de los mismos viejos de siempre.
Y es por esto que invito a todo aquel que se sienta tocado por esta reflexión a comprometerse con su realidad social. No hay más requisito para el trabajo social que la buena voluntad, y la predisposición a ver y pensar con los ojos bien abiertos y una consciencia despierta. El mundo pide a gritos que nos pongamos a la vanguardia de una causa que siempre fue y será de todos. El primer paso depende de uno mismo, y en cuánto al modo de actuar… siempre se encuentra si la voluntad es firme.
No es cuestión de olvidar, como bien dijo Aldous Huxley, que “El progreso se lo debemos a los insatisfechos”.
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