Humor, ingenio, mordacidad: tres de un par Carnevale

Matías Carnevale acaba de lanzar un libro de ensayos sobre el cine estadounidense de ciencia ficción de las décadas de 1970 y 1980: Entre el cielo como en la tierra (Unicen) y Gustavo Álvarez Núñez pone el ojo en su literatura, la ficción y el futuro de sus proyectos.

Matías Carnevale, lector voraz, traductor de inglés esmerado y cinéfilo todoterreno abre las puertas de un imaginario curtido por la ciencia ficción. Gustavo Álvarez Núñez aka GAN charla con el autor para CiudadSI.

De Tandil hacia el mundo. Matías Carnevale (clase 1980) viene desafiando la lógica desde hace tiempo. La leyenda familiar asegura que aprendió a leer y escribir a los tres años. Lector voraz, traductor de inglés esmerado (se encargó de Autogedón, un poema satírico del inglés Heathcote Williams) y cinéfilo todoterreno, Carnevale es licenciado en Lengua Inglesa de la Universidad de San Martín.

En estos días acaba de lanzar un libro de ensayos sobre el cine estadounidense de ciencia ficción de las décadas de 1970 y 1980: Entre el cielo como en la tierra (editorial Unicen), que traza un recorrido analítico por más de veinte filmes. Lo conspirativo, lo utópico y lo distópico, por un lado, y las invasiones alienígenas, el consumismo y los viajes en el tiempo, por el otro, son las bases de este trabajo de investigación.

No obstante, con todos esos conceptos en el horizonte, Carnevale también ha indagado en la ficción. De eso da cuenta el volumen de relatos Los parasicólogos y otros cuentos, compuesto por ocho historias hilarantes y provocadoras, lanzado a fines del año pasado. El prólogo corre por cuenta de un viejo outsider, Enrique Medina.

Desde la reconstrucción de un hito de la televisión de los años 80 (¿les suena José de Zer?) a un vecino que se queda estupefacto observando cómo bombardean la luna, desde un padre que lega al hijo un pilón de cartas con la posta sobre las derivas de la Primera Guerra Mundial –¿los marcianos metieron la cola?– hasta un comando que revive al mismísimo Juan Domingo Perón, todo es posible y más en la imaginación fantástica de Carnevale.

Ciudad SI: En tu imaginario confluyen las películas clase b, el mundo de los superhéroes y la literatura inglesa. ¿Cómo lográs que convivan en tu escritura?

Matías Carnevale: El cine es el arte más completo que existe porque puede combinar música, danza, literatura, pintura, escultura, arquitectura… Sin embargo, en el papel uno es amo absoluto de lo que se le ocurre escribir. Y eso puede llegar a no se sabe dónde, y puede ser recibido no se sabe cómo. Ahora bien, con la realización de cine me han pasado tres cosas: es una tarea que demanda muchísimo tiempo, mucho dinero y me he topado con personajes bastante ególatras, que en vez de ayudar servían de lastre. En la literatura, estoy un poco más a salvo. En la secundaria leí muchas historietas:

Wolverine, Spiderman, Ghost Rider, Punisher. También descubrí a las Leyendas de Gustavo Bécquer, a Edgar Allan Poe y otros románticos. Pero después de leer a H. P. Lovecraft, me puse a escribir. A los 17 años era un poetastro maldito con versos traspapelados.

CSI: ¿Qué te brinda la literatura que otros medios o formatos no te ofrecen?

MC: Creo que escribo mejor que lo que hablo, tal vez por timidez. Me siento a mis anchas cuando puedo sentarme a leer y a escribir: investigar, analizar, comparar, debatir, darle vueltas a un tema, eso me gusta más. La literatura que me interesa tiene que tener algunas características elementales: humor, ingenio, mordacidad. No me interesa lo ampuloso ni lo pomposo en el uso del lenguaje: me gusta leer narraciones donde todos los personajes son ridiculizados; por lo general, favorezco a los tipos de personaje que son expuestos en su estupidez, desnudados en su tontería más básica, como en las fábulas. Creo que los géneros considerados como literatura infantil tienen mucho que ofrecer al respecto, al igual que la sátira. En ese sentido, Rebelión en la granja de George Orwell es una gran obra, y creo que Roald Dahl ha dado en la tecla en varios de sus libros. También me he enganchado mucho, en distintos períodos, con autores en la línea de Spencer Holst, Fredric Brown, John Kennedy Toole y Fernando Sorrentino, a quien es necesario destacar con urgencia.

CSI: Sos profesor de literatura inglesa y crítico literario. ¿Por qué escribís ficción?

MC: En principio, escribo porque me divierte. Espero poder entretener al lector por algunos minutos, agarrarlo del cogote y sacudirlo un ratito. De ahí que los cuentos sean breves, como para leerse en el viaje de Morón a Once, en el Ferrocarril Sarmiento. No sé qué pasará en el futuro. Por lo pronto, seguiré publicando algunos cuentos y tengo la idea para otro libro: una procesión de distintos personajes a Luján, donde cada uno cuenta su historia.

CSI: Para vos, ¿qué es el despojo de vanidades? Esto tiene que ver con la mención que hace Enrique Medina del concepto en el prólogo de Los parasicólogos y otros cuentos.

MC: Creo que Medina se refiere a que ve cierto estilo incipiente en lo que escribo: oraciones simples, sin mucho exhibicionismo o palabrerío. También será que el lugar desde donde encaro el mundo literario es bastante marginal: no pertenezco a ninguna cofradía y varios de mis amigos escritores tienen más de 70 años (Medina, Pablo Capanna). Las tertulias, en particular las de ciencia ficción, me deprimen bastante. Medina exagera un poco en el prólogo, pero lo hace por afecto. Tal vez un ejemplo sea esa frase que desliza: “Después de todo, creo que todo escritor (por no generalizar en ‘artista’) es un vanidoso”.

CSI: Romper reglas parecería ser lo tuyo, ¿qué entendés por reglas cuando hablamos de literatura?

MC: Supongo que tiene que ver con lo que uno consume como lector. En nuestro contexto nacional, es como que hay que rendirle pleitesía a ciertos autores de moda hoy o del pasado que son relevantes. En mi caso, me contento con leer y releer a ciertos clásicos de la ciencia ficción y descubrir escritores que no gozan de mucho prestigio. En cuanto a la escritura, no soy muy metódico. Quisiera creer que adhiero al credo literario del poeta Allen Ginsberg: “Primer pensamiento, mejor pensamiento”, aunque en realidad soy bastante vago para las correcciones. Si una regla de la escritura es la edición, ahí estoy en falta. No obstante, no pretendo pasar como un transgresor literario. Algunos experimentitos y licencias que me tomo en los relatos son parte del disfrute de escribir, como decir: “A ver cómo queda esto así…”.

CSI: ¿Tu reciente libro de ensayos sobre el cine estadounidense de ciencia ficción es un anexo de los relatos de Los parasicólogos?

MC: En principio, tratan sobre temas similares. Sin embargo, En el cielo como en la tierra tiene algunas restricciones propias de la cuestión investigativa: citar correctamente las fuentes, una estructura más definida, fue publicado por una editorial universitaria… Después, puedo decir que los fui escribiendo casi en paralelo y que ambos son declaraciones de amor (a la literatura y la paraliteratura uno, y al cine el otro). En la ficción encuentro mucha más libertad, lo que me da mucho disfrute. Aunque también me pasa con la investigación, eso de andar indagando en obras ajenas y en el pensamiento de otros autores. Como no sé bien por dónde decantará mi escritura en el futuro, me dedicaré, por lo pronto, a ambas áreas: ficción, con cuentos como en Los parasicólogos y no ficción, como el libro de cine. Creo que los próximos proyectos verán la luz de una manera similar.

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