La cultura africana en Argentina

Los primeros africanos fueron traídos al territorio de lo que sería Argentina como herramientas de trabajo, como esclavos, sin reconocerles su cultura, linaje o religión. Algo que se ha perpetuado en la construcción de la historia nacional, con su invisibilización.

El 8 de noviembre es el Día Nacional de la Cultura Afroargentina, efemérides que busca reconocer el componente africano dentro de la cultura argentina. La historiadora de la UBA Magdalena Candioti, habla sobre cómo recordar el lugar de los afroargentinos en la historia nacional.

Fuente : UBA

Toda efemérides busca celebrar o conmemorar, mantener viva la memoria sobre ciertos temas. La meta principal del Día Nacional de la Cultura Afroargentina es recordar los aportes de los afrodecendientes a la historia y a la cultura nacional. Para ello, en 2013, se eligió hacerlo a través del homenaje a María Remedios del Valle, fallecida un 8 de noviembre de 1847, heroína del Ejército del Norte durante la Guerra de la Independencia, y nombrada capitana por Manuel Belgrano.

María Remedios del Valle es representante de cómo aquellos que fueron traídos como esclavos, se identificaron con la naciente Argentina y su lucha por la independencia. Hablamos sobre los afroargentinos y su lugar dentro de la historia nacional con Magdalena Candioti, investigadora del Instituto Ravignani de Historia Argentina y Americana de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

¿Por qué se celebra el Día Nacional de la Cultura Afroargentina?

El día se eligió para conmemorar a María Remedios del Valle quien, de acuerdo a una indagación que se hizo en los años 1830 para otorgarle un reconocimiento y una pensión, había tenido un rol clave en las guerras de Independencia. Se había destacado sirviendo con arrojo y ayudando al Ejército del Norte junto a su familia, a la cual terminó perdiendo.

Pero más allá de la historia personal de María Remedios me parece que es interesante como símbolo ya que permite iluminar distintos aspectos de la vida de los afroargentinos y construir memoria en torno a diferentes cuestiones.

Por un lado, pensar que esa fuerte participación de afroargentinos en las guerras de independencia no fue sólo masculina, sino también femenina, y María Remedios no fue la única que cumplió este tipo de tareas en la guerra, sino que hubo muchas mujeres que tuvieron un rol protagónico en ese espacio.

Por otro lado, esta fecha también nos debería servir para reflexionar sobre las formas de memoria en torno a la presencia africana en Argentina. Si hay alguna mención en las fiestas escolares, por ejemplo, es como vendedores ambulantes, o se liga a su rol de mártires de la patria. No es que no tuvieron un rol clave en las guerras, todo lo contrario. Y de hecho desde muy temprano en la

historia fue un motivo de orgullo para la comunidad afroargentina y un aporte celebrado por las élites.

Pero pienso que es hora de ir más allá de recordar la participación militar. Hay una lógica de pago y de merecimiento de la libertad ahí, que hay que trascender. Me parece más interesante poder pensar y conocer sobre la vida y la trayectoria de estas personas, más allá de la guerra. Fueron actores económicos centrales, fueron actores sociales, culturales e incluso actores políticos. Tuvieron proyectos propios, desarrollaron estrategias, intentaron hacer algo con lo que habían hecho de ellos, para parafrasear a un notable alemán.

Entonces, un tercer aspecto que me parece que esta celebración nos permite pensar es porqué es tan difícil conocer muchos detalles de la vida de María Remedios y de los esclavizados en general, por qué sabemos por ella sólo por los testimonios de las élites. La esclavización y la diáspora forzada tuvieron ese efecto.

Tenemos que resituar la violencia y la desposesión, y también la fortaleza para sobrevivir, la persistencia para construir de africanos y africanas. Creo que es un día central porque nos permite pensar todas estas cosas, y comprometernos lidiar mejor con nuestro pasado, presente y quienes queremos ser.

¿Por qué se suele invisibilizar a los afroargentinos en nuestra historia, como si todos hubiesen muerto en las guerras o de fiebre amarilla?

Tu pregunta es bien interesante porque preguntás por la invisibilización. Durante mucho tiempo se pensó más en la idea de desaparición, ¿por qué desaparecieron? Pero no es que desaparecieron, no es que todos murieron en la guerra o luego con la fiebre amarilla, sino que hubo distintos procesos de invisibilización.

Una invisibilización generada desde el discurso y desde distintos dispositivos políticos e intelectuales que minimizaron y estereotiparon la presencia africana y que fueron construyendo a los afroargentinos como “otros” dentro de la nación, minorizados, inferiorizados y supuestamente destinados precisamente a desaparecer. Mientras, impulsaban y celebraban la inmigración europea.

También hubo una invisiblización estadística, desde arriba, el estado, y desde abajo, las estrategias de desmarcación llevadas adelante por los propios afroargentinos. Es decir, también las propias estrategias de integración a la nación llevadas adelante por los afroargentinos fueron importantes. Si bien trataron de mantener espacios de sociabilidad, redes y visiones propias, también sufrieron discriminaciones, segregación, exclusión. Si la patria y después la nación les ofreció un camino de integración fue un camino que implicaba un alto precio: para pertenecer había que diluir las singularidades, dejar de resaltar el pasado africano, olvidar, aceptar.

¿Cómo se podría definir a la afroargentina?

Las culturas no son compartimentos estancos y en relación a la cultura africana en la diáspora hay muchos estudios y discusiones. Mientras algunos enfatizan la idea de que era difícil, sino imposible, reconstruir prácticas y sobre todo mantener instituciones como las religiones, las formas de relación familiar fuera de África, en ese contexto de desestructuración social que produjo la trata y la esclavitud.

Para otros investigadores sí hubo persistencias, hubo reelaboraciones en los distintos elementos culturales. Señalan que es posible identificar ciertos rasgos y ciertas prácticas africanas en las Américas. En el caso del Río de la Plata, Argentina, podemos pensar que hubo prácticas de resistencia y de intento de sostener algunas prácticas diaspóricas ligadas a la música, el habla y la religión.

Más allá de que no se hayan podido desarrollar de modo sistemático lo que es claro es que estas personas no se olvidaron de un día para otro de sus creencias y sus formas de imaginar el mundo. Por más que hayan tenido que transformarlo para adaptarse, es importante tener en cuenta que no eran una tabla rasa, lista para integrarse sin más.

Hoy es difícil reconocer una “cultura afro” en esos términos, especialmente luego de siglos de organización colonial y 150 años de estrategias de construcción de un Estado nacional que se deseó culturalmente homogéneo y que consideró las diferencias irrelevantes.

Todo esto hace que sea difícil ver la especificidad de una cultura afro en esos términos. Volviendo a donde comencé, creo que esa cultura, como todas, es una construcción, es un desafío y es una búsqueda en la que están las organizaciones de afrodescendientes. Pero también pienso que todos como argentinos y argentinas tenemos que redefinir nuestras propias formas de pensar nuestra identidad. Creo que es importante construir un nosotros incluyendo y repensando la centralidad que la diápora africana tuvo en nuestra historia y tiene en nuestro presente.

¿Cómo se estudia a los afrodescendientes en la historia de Argentina?

Llegué a investigar este tema porque durante mi tesis doctoral yo trabajaba sobre historia de la justicia, tratando de reconstruir cómo se fueron transformado las formas de pedir y hacer justicia en el contexto de la Revolución. Para eso trabajé con cientos de expedientes judiciales. En el Archivo encontraba todo el tiempos causas con pardos y morenos y esclavos haciendo distinto tipo de solicitudes y me sorprendía la cantidad que había, fue una sorpresa primero cuantitativa.

Me empecé a preguntar porque yo sabía tan poco de esa presencia, por qué habíamos leído tan poco sobre los afroargentinos no sólo en la escuela, sino incluso en la universidad. Esa indagación empezó a ir primero por el lado de cómo demandaban justicia y qué derechos tenían los esclavizados y después se fue ampliando.

Ahora estoy terminando un libro donde trato de hacer la larga historia de lo que llamo “el tiempo de los libertos”, es decir los años que van desde la Revolución de Mato, 1810, y sus promesas de emancipación a la creación de la Constitución Nacional, que es la que finalmente declara la

abolición total de la esclavitud en 1853 para la Confederación Argentina, y desde 1860 en Buenos Aires, cuando se incorpora a la misma.

Indago cómo esas promesas de emancipación política son interpretadas por los esclavizados como una promesa de libertad individual, de abolición. Analizo la emergencia de una agenda de abolición y cómo las leyes que se declararon para ello, como la de vientre libre y suelo libre, no fueron aplicadas mecánicamente sino que supusieron la puesta en marcha de un conjunto de estrategias para hacerlas realmente efectivas.

Trabajo en torno a la construcción de esa emancipación de africanos africanas esclavizadas y afrodescendientes realizando una mezcla de historia social, cultural y también intelectual. Trato de mostrar cómo se fue deslegitimando esta institución. No sólo lo trabajo en el marco de las demandas formales sino también de negociaciones más pequeñas, cotidianas, que se pueden ver en los hogares y al interior de cada una de estas relaciones tejidas entre esclavizados, libertos y amos. Esa mirada permite discutir una tesis bastante generalizada socialmente sobre la benignidad de la esclavitud en el Río de la Plata.

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