2017 será un año político de elecciones y nuevos panoramas en América Latina. Ecuador es el primer país en abrir sus urnas. Acá, una mirada sobre la “argentinización” de este proceso.
Este año el continente se verá movilizado electoralmente de una manera notable. Muchos países jugarán su futuro aprobando o desaprobando distintos proyectos políticos a través del voto popular. Habrá elecciones en Argentina para consolidar o no la actual gestión de Mauricio Macri, se realizarán elecciones en Venezuela para prolongar o poner fin al proceso iniciado por Chávez en 1999, también irán a las urnas los descendientes del Imperio Azteca para darle apoyo o manifestar el desacuerdo con las políticas neoliberales de Peña Nieto, y lo mismo harán los ciudadanos de nuestro vecino país trasandino, Chile.
Pero el calendario electoral de América Latina será inaugurado por Ecuador, ya que el próximo 19 de febrero se realizarán las elecciones presidenciales. Estos comicios pueden ser decisivos para la región por lo que en ese país se pone en juego: la continuidad del correismo, uno de los bastiones de izquierda que quedan (luego de los cambios de rumbo de Argentina, Brasil, y en menor medida de Uruguay).
El correismo, a través de la dupla Lenin Moreno-Jorge Glas, pretende continuar con la profundización de la “Revolución Ciudadana” que gobierna desde 2007 en un verdadero “cambio de época” para el país, como plantea el actual presidente Correa.
Hace pocos días, el pasado 3 de enero, comenzó fervientemente una campaña electoral que está basada en lo ocurrido en la Argentina: el oficialismo, con Lenin Moreno a la cabeza salió a ganarse los votos con el lema “el futuro no se detiene” y haciendo hincapié en los logros de la “década ganada”, formulación tomada del gobierno argentino de la ex presidenta Cristina Fernández.
La oposición conservadora, por su parte, inspira su campaña promoviendo la idea del “cambio”, inspirándose notoriamente en la campaña realizada el año pasado por Mauricio Macri, la cual logró forzar un ballotage (ante los pronósticos electorales que anunciaban una victoria del candidato oficialista Daniel Scioli en primera vuelta) y ganó las elecciones en segunda vuelta con el lema “cambiemos”. Así, el banquero Lasso (el Macri ecuatoriano) utiliza el slogan “vamos por el cambio”, mientras que Viteri (quien sería el Massa ecuatoriano ya que ocupa el tercer lugar en la lucha por la presidencia) utiliza el slogan de campaña “el cambio positivo”, una idea bastante similar a propuesta por el líder del Frente Renovador en Argentina (“el cambio justo”).
El objetivo del oficialismo es claro y preciso: Moreno, al igual que Scioli el año pasado, deberá sacar más de 40 puntos y una distancia de 10 con relación a su adversario más cercano para evitar el balotaje. Al igual que ocurrió en Argentina durante el año pasado, las encuestas consideran ese hecho como un escenario posible, dada la imagen positiva con la que cuenta el primer vicepresidente de Correa y la propia gestión de la Revolución Ciudadana, sumado a la creciente dispersión de la oposición (en un “Macri” y un “Massa”).
Más allá de los slogans, la oposición no realizó grandes y concretas propuestas políticas que busquen atraer votantes, pero sí realizó contundentes acusaciones sobre casos de corrupción en Ecuador, con relación a los casos que salpican al oficialismo: PetroEcuador y Oderbrecht. El caso de la constructora brasileña que sacude a la política regional (también hubo casos de corrupción en Brasil, Argentina y Venezuela) es el más emblemático: el gobierno de Alianza País la expulsó en 2008, siendo el único antecedente concreto en América Latina. Sobre el caso PetroEcuador, el presidente Correa dio declaraciones similares a las que en su momento decían los kirchneristas o los funcionarios de Dilma Rousseff (algunos de los cuales ya están presos): “el país debe tener la seguridad de que jamás tolerarán esas corruptelas. Aquí no habrá impunidad, ni perdón, ni olvido, no se puede jugar con los recursos del pueblo”.
Es importante mencionar que el oficialismo ecuatoriano, al igual que el Frente para la Victoria en 2015, debe afrontar un difícil desafío con relación a la actualidad regional: ordenar una sucesión prolija, exitosa y eficiente dentro del espacio de los gobiernos “nac&pop”, “progresistas” y de izquierda de la región, a raíz de la imposibilidad de ir a la urnas con su principal dirigente: Rafael Correa. La experiencia Argentina refleja la palpable dificultad de reemplazar a la figura política mejor valorada (en su momento CFK), debido a esto países que con gobiernos de izquierda y populistas como Bolivia buscan repostular a su mejor candidato, Evo Morales, a través de una segunda reelección.
En Ecuador, un triunfo en primera vuelta por parte del correismo podría significar una revitalización de lo “nac&pop”, de lo “progresista”, y de los gobiernos populistas de izquierda que caracterizaron a la política regional durante la última década.
En los últimos dos años, a partir de las victorias de Macri en Argentina, la caída de Dilma en Brasil y la victoria parlamentaria de la oposición venezolana el escenario fue mutando. De esta manera, esa corriente política continental debe lograr una victoria rápida y contundente como forma de reposicionar a la izquierda frente a la creciente “derecha conservadora” y liberal que ya estaba instalada fuertemente en países como Colombia, Chile y Perú, pero que revivió en Venezuela y en los países más influyentes de la región: Brasil y Argentina. Por otro lado, cabe agregar que en los últimos años ya hubo derrotas de los gobiernos de izquierda en países con ciertas similitudes socioeconómicas a las de Ecuador, como son los casos de República Dominicana y Nicaragua.
Sin meterse tanto en el tema ni manifestarse públicamente, se especula con que los líderes de los países más grandes del continente (Temer y Macri) desean por lo menos un forzado ballotage que pueda polarizar más y mejor las ideas que prevalecen en la región: republicanismo vs gobierno populista y demagogo, izquierda vs derecha, neoliberalismo vs Estado que guía la economía.
Resta saber, además del resultado de la elección, es si Correa logrará sumar a su partido algunos votos a través de carisma, o si le pasará como a Scioli que no pudo hacer uso de manera óptima de la relativa buena imagen de la que en ese momento gozaba CFK.
¿Lograrán Lasso (“el Macri ecuatoriano”) o Viteri (“el Massa ecuatoriano”) forzar una segunda vuelta que por ahora parece inalcanzable? A un mes de los comicios, muchas preguntas se hacen los analistas con relación al posible desenlace de esta contienda electoral que puede ser notoriamente influyente en el resto de las elecciones que se llevarán a cabo este año en nuestra región.


