Rodrigo Vázquez: “La tarea del documentalista implica estar abierto a descubrir lo nuevo. Dudar de los propios presupuestos para estar abiertos a reformular la historia”

En esta oportunidad conversamos con Rodrigo Vázquez, documentalista argentino con un gran recorrido como corresponsal en zona de guerra. Tuvo la gentileza de compartir su vasta y profunda experiencia de trabajo, sus documentales de investigación y su memoria del tiempo que transitó siendo testigo en tierras como la Franja de Gaza, el Líbano, Cachemira, Haití, Bolivia y Colombia. Por Laura Otero.

Encuentro en la distancia entrega otra edición . En esta ocasión, con el ojo puesto en el cine documental. Laura Otero entrevista a Rodrigo Vázquez, especialista en el género con una trayectoria que tiene como eje el retrato de lo que pasa en las latitudes donde se respira guerra y desigualdad.

por Laura Otero

Rodrigo Vázquez nace en Buenos Aires en 1969. Estudia en la Universidad del Cine y en la ENERC, luego viaja al Reino Unido donde se especializa en documental, produce dos cortometrajes y trabaja para BBC World. Ha participado como productor, director y camarógrafo filmando zonas en guerra en América Central y Medio Oriente. Recibió premios internacionales por su labor y participó en festivales como el de Cannes con su película Cóndor: el eje del mal (2003). Sus trabajos han sido transmitidos en cadenas de televisión como la BBC, Channel 4, NHK y Discovery, entre otras.

Años después, en el 2011, se encontraba en el ICAIC en Cuba buscando material de documentalistas latinoamericanos sobre la causa Palestina. Allí descubre una película perdida “Palestina: otro Vietnam”, que había sido realizada por los cineastas argentinos Jorge Denti y Jorge Giannoni. Esto dispara una investigación de las historias paralelas de las guerrillas palestina y latinoamericana en forma de film-ensayo, con material de los frentes de guerra de Palestina y Colombia, filmado por él desde el año 2001. Así es como nace su documental sobre la resistencia armada en Palestina y América Latina: Palestina, imágenes robadas (2017). El film combina material de archivo inédito de los años ’70 con entrevistas exclusivas a líderes históricos de la resistencia palestina y el registro directo de la guerra. 

Ha vivido en la Franja de Gaza por varios períodos desde el 2001. Una de sus producciones más recientes: «Dentro de Hamas», transmitida por la televisión británica, fue elogiada por la prensa debido al acceso sin precedentes que tuvo al grupo palestino y a sus imágenes impactantes. Fue nominado por este trabajo a los premios Rory Peck, que reconocen el coraje de los periodistas independientes. «Yo quería mostrar qué es Hamas realmente, porque aquí en Occidente los medios masivos pintan a todos como terroristas». 

En estos momentos de resurgimiento de violencia armada en tierras como Franja de Gaza y Colombia, donde los pueblos luchan por su liberación y por el fin de la opresión por parte del Estado, entrevistamos a Rodrigo Vázquez, para que nos refiera su propia experiencia en estas tierras y en esta historia de la cual él pudo ser testigo desde los primeros momentos de la llamada “guerra contra el terrorismo”.

-¿Qué te fue llevando por este camino? ¿Cómo optas por ser corresponsal de guerra? Además de contar una gran valentía, por cierto…

Una mañana de diciembre del 2001 estando en una escuela del Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, en Gaza, cerca de la frontera con Egipto, que en ese momento estaba controlada por Israel, tenía instalado ahí un muro y había un camino detrás del muro, y había del otro lado del muro, otro muro. Esta  escuela estaba a metros de este muro donde había torres y entre las torres había francotiradores y soldados observando los movimientos dentro de la Franja que está rodeada por el mar y el muro, como una gran prisión. Y la escuela estaba en un rincón de esta prisión donde solía haber tiroteos y actividad bélica. Las milicias de la resistencia palestina trataban de protegerse y proteger a las casas de civiles que estaban siendo demolidas en ese momento por el ejército israelí, aduciendo que desde ahí se atacaba a las tropas israelíes que estaban del otro lado del muro y que desde esas casas se hacían túneles para transportar armas y alimentos y productos varios, por abajo del puesto israelí saliendo en la boca de ese túnel en Rafah, en Egipto. Y estando en este lugar, una mañana entré a filmar una clase de inglés y estábamos filmando cuando empezaron a sonar los tiros afuera y un mortero y los niños se tiraron al suelo gritando, llorando. Yo filmando eso, me fui al suelo también, y en ese momento entraron como en ráfaga, como si fuera un montaje, imágenes de esa misma situación, pero yo siendo niño en el jardín de infantes en 11 de septiembre y José Hernández. En esa esquina, en diagonal al club Belgrano, contra los muros del club Belgrano, sonaron los disparos fuera del jardín de infantes. Ese día se ejecutó a 3 civiles en el año ’75, seguramente era un comando de la Triple A, por lo que pude averiguar muchos años después. Pero lo cierto es que en ese momento estando en Gaza, filmando la misma situación, entró el recuerdo por primera vez, porque yo me había olvidado de eso o lo tenía ahí como sumergido y se disparó sensorialmente y ese día encontré por qué estaba ahí, una razón fuerte por la que estaba ahí, que tal vez ignoraba. A veces es como una corriente subterránea, la pulsión de esa corriente es la que lleva la vida y no necesariamente las decisiones racionales que uno toma, sino la corriente subterránea que se nutre de fuerzas irracionales y pulsiones que no pasan por la razón y que es mucho más difícil detectar y entender, son aguas más profundas, oscuras que actúan sin que uno las pueda racionalizar o esté siempre al tanto de ellas. Pero ese día hice como un pozo al agua profunda y ahí brotó o la misma realidad me llevó a conectarme con esas aguas profundas del camino sumergido que me llevó al primer frente de guerra, obviamente con mucho miedo. 

Y la valentía no es una virtud que valore mucho en sí, yo definitivamente tenía bastantes aprensiones y miedo. Lo que sí tenía era como una distancia por estar afuera -por no vivir en Gaza- de lo que estaba sucediendo ahí. Si esa misma situación hubiera pasado en Buenos Aires o en el lugar donde estaba viviendo en ese momento, en Londres, seguramente en mi casa o en la escuela de mis niños lo hubiera vivido de otra manera. Estando como observador en Gaza, esa distancia y el hecho de tener una misión. En ese momento, la misión era mostrar lo que estaba pasando para uno de los cinco canales que se veían por televisión. Tenía cierto valor en sí social estar ahí y era un trabajo, es decir, tenía todas esas dimensiones que pesaban mucho para mí, no pasaba por sentirme especialmente valiente porque, de hecho, cuando entramos a Gaza supuestamente la situación en ese momento era que no iba a pasar nada muy relevante e íbamos justamente porque era un periodo de calma, y ni bien entramos, se disparó todo: el primer bombardeo contra unos cuarteles de Arafat en Gaza.

Así que me encontré del otro lado del muro, dentro de la prisión y empezó el bombardeo, y no sabía que iba a haber un bombardeo, tal vez si hubiera sabido (risas) no iba, pero lo cierto es que fui, estuve ahí y al día siguiente del primer bombardeo donde fue mucho miedo lo que tuvimos todos, yo ya estaba yendo a buscar los aviones y yendo hacia donde estaba el bombardeo, que era lo contrario a lo que había hecho el primer día y eso sí es más difícil de explicar. Lo único que puede explicar el cambio de actitud tan grande del segundo día después de haber dormido, creo que es la adrenalina, no tengo otra explicación. Por haber sentido que corría peligro la vida. Ahí se dio una situación paradójica, tal vez, pero muy entendible que le pasa a mucha gente que es que en vez de escapar, pasada la primera reacción de querer huir desesperadamente del lugar de la violencia, que fue mi primer reacción, cuando sobreviene esta idea de que uno está ahí por algo y no de turista, sino para contar lo que pasa y ante la gravedad de lo que pasa que acaba de poner la vida de uno en peligro, uno como que se ofende por la propia vida. Es decir, se ofende ante la agresión contra la vida propia, contra los que lo rodean a uno, la vive sensorialmente, la vive en la cabeza, en el corazón y en las tripas, en el cuerpo, la instala en el cuerpo. Eso no se desinstala nunca del todo, uno no es consciente de esa instalación, de lo que significa. Sobre todo al principio, y uno ve todo tan absurdo de por qué tantas personas pierden la vida a cien metros de uno y uno está ahí todavía cuando instala lo absurdo de la existencia, ahí es cuando uno empieza a hacer cosas que en el momento previo a cobrar consciencia de lo absurdo, no hubiera hecho. Como a desafiar esta característica absurda de todo. Y más allá de esta dimensión personal, está la dimensión mucho más importante que justifica absolutamente todo lo demás, que es que efectivamente si nosotros no contábamos lo que pasaba ahí, cómo estaba pasando, nadie lo contaba. Por eso muchas veces nos hicieron problemas legales también, quisieron hacernos juicio, nunca pudieron realmente justificar ninguna de sus amenazas y siempre los trabajos salían publicados, justamente porque mostraban lo que ellos no querían mostrar. Y eso al final, el placer de ver la revelación de lo que uno había visto, publicado para que lo vieran millones, lo justificaba todo. Y cualquier problema personal que uno podía tener por haberlo hecho, empalidecía comparado a lo que uno lograba por estar ahí y cuando los diarios y las revistas hacían un comentario del programa, que era muy común, a veces se instalaba un tema o un hecho, un evento o un tema de análisis, una idea en los medios y eso amplificaba aún más el valor de lo que uno estaba haciendo por más que pareciese simplemente un documental o un reportaje largo y tenía su función importante para justamente tratar de prevenir de alguna manera, informando o concientizando sobre lo que pasaba, tratar de prevenir los horrores que uno había visto.

-En tu documental “Palestina: Imágenes robadas” se muestran todas las posiciones, ideas, pero también se evidencia y aparece una voz que es la de quienes no tienen voz en los medios…

En “Palestina: imágenes robadas” la idea era relacionar la experiencia de los movimientos de liberación nacional en Palestina y en América Latina, empezando con el encuentro entre el Che y Nasser en el año ‘59 después del triunfo de la revolución cubana, en el primer viaje que hace el Che al exterior para empezar a hacer acuerdos en nombre de la revolución. Había filmado con muchos líderes históricos y comandantes desde el año 2001 y veía que se iban muriendo, los iban matando, iba cambiando el paisaje del lugar y los crímenes que se cometían ahí se iban acumulando como se habían ido acumulando durante décadas, pero a partir del 2001 de una manera mucho más intensa, para el comienzo de la supuesta guerra contra el terror, que fue realmente un terrorismo de estado internacional que afectó también a la franja de Gaza y el principio de ese proceso es al final lo que terminé filmando desde el 2001 hasta el 2017. Filmé también con aquellos que hacían el sitio a Gaza, los militares israelíes y con puntos de vista que se complementaban alrededor de la idea de entender los movimientos de liberación nacional y de qué manera nuestra cultura judeo-cristiana se encontraba como en el centro de esta idea común del sacrificio y de la liberación a través del sacrificio, de la muerte por el otro, la idea del profeta que da el ejemplo entregando su vida, tal cual hizo toda una generación de América Latina y como seguían haciendo todas las generaciones de palestinos comprometidos con la militancia en ese momento cuando yo fui y hasta hoy. Naturalmente como está hecho el film con elementos, con escenas y material mucho no usado de filmaciones que hacía para hacer documentales o reportajes, hay una lógica de siempre ver el problema desde varios ángulos, no con pretensión de objetividad, sino con pretensión de ponerse en el lugar de. Personajes confrontados muchas veces y entender cómo era estar en el lugar de. Eso siempre a través de una mirada, que lleva uno, que además justifica con más razón porque uno está ahí arriesgando su integridad física para contarla, entonces tampoco es que uno tolere mucho que le digan qué decir, cuando nadie sabe más que uno qué decir porque uno está ahí, viéndolo, siendo testigo directo y hasta partícipe. 

La idea de llevar la voz de los que no tienen voz, siempre guió mi trabajo, es una idea tradicional clásica que también muestra su contracara hoy porque hay tantos medios que dicen representar el punto de vista de usuarios, que en realidad son resultado de la propaganda que esos mismos medios fabrican o que otros medios fabricaron y que estos medios replican o amplían subiéndose al caballo de esas campañas de propaganda. Y en otras épocas eran más sofisticadas estas maneras de contar la realidad a través de los medios, cómo se ha recrudecido la lucha no solamente de civilizaciones, sino de clases, es importante pensar en que el hecho de que sea más crudo ahora el mensaje, tanto de la derecha más recalcitrante y reaccionaria como del liberalismo americano o europeo o de la derecha latinoamericana y de los movimientos nacionales y populares en América Latina, hay como un recrudecimiento de los términos del uso del lenguaje que responde al incremento de esta lucha, de esta tensión que tiene que ver con el propio desarrollo del capitalismo y sus contradicciones cada vez más intensas y más trágicas para la humanidad y para la tierra. Los activistas a favor de Trump que tomaron el Capitolio en enero también se dicen ser los que no tienen voz y los que no están representados por los medios masivos de comunicación, la insurgencia de la ultra derecha, no solamente en Estados Unidos, tiene que ver con esta supuesta falta de representatividad de esta voz en los medios de comunicación, que son demasiado en su opinión liberales o de izquierda y por izquierda ellos dicen CNN hasta la BBC, es como ver el lente al revés de los que no tienen voz y es que la única voz sale a través de los que no tienen voz.

¿Qué podés compartir de tu experiencia viviendo en la Franja de Gaza, en pleno campo de batalla? ¿Sufriste de stress post traumático? ¿Cómo “se sale de ahí”? De la muerte que rodea, perder colegas, amigos…

En Gaza, en el Líbano, en Haití, en Cachemira, en Colombia, vi cosas que, sobre todo las que no pude filmar, que me volvían a acechar cuando estaba otra vez en mi casa, en Londres, eso duró unos años. Estando en el frente me sentía como pleno y cuando volvía a una situación de paz o baja intensidad me sentía menos cómodo, me deprimía porque tenía una nube gris en la cabeza y veía todo como muy negativo. Me agarraban pequeños ataques de pánico, ligados a mi hija sobretodo, que era chiquita. Muchas de las víctimas de los bombardeos en Gaza eran niños, y de las acciones de las incursiones israelíes y de la agresión diaria a los niños, me focalizaba mucho en ellos y volviendo me agarraban miedos o ataques de pánico con respecto a mi hija, que salía con su mamá a la esquina y pensaba de repente que algo le iba a pasar, que justo iba a pasar un auto e iba a haber un accidente, cosas irracionales se me pasaban por la cabeza. Y en un momento cuando me divorcié de la madre de mi hija, hice terapia y ahí traté todas estas cosas que fueron diagnosticadas como producto del stress postraumático y lo gracioso de esa parte de la experiencia mía como corresponsal o documentalista en zona de conflicto es que mi terapeuta era hija de sobrevivientes del Holocausto y yo hablaba con ella de todas las cosas que había visto en la Tierra Santa, en Israel, en Palestina, cosas terribles que había visto hacer al ejército israelí. Y llorábamos los dos, me acuerdo. Y el tratamiento del stress postraumático dura toda la vida y siempre contar lo que a uno le pasó es parte del tratamiento, de la manera de convivir con eso, socializando aquellas cosas que uno no llegó a socializar a través de la imagen, esas escenas que no vivió a ojo limpio, aunque por otro lado, nada más limpio que el lente. 

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-Participaste como documentalista acompañando al movimiento de liberación mapuche en Chile, ¿te sentís ligado a estos procesos de liberación de los pueblos, tu trabajo va por ahí?

Fui muy influenciado por la parte paraguaya de mi familia, había muchos historiadores que habían cubierto la guerra de la triple alianza y el genocidio que ocurrió en Paraguay a manos de Brasil, Argentina y Uruguay. Desde chico fui muy consciente del tema del genocidio, lo cual ata mi viaje a Gaza con mi viaje a Chile y con el reportaje largo que hicimos con la familia Pichun en Walmapu, lo que se conoce como el estado de Chile. Entonces hay obviamente lazos de comunicación entre estos pueblos. La misma razón por la cual yo fui a Bolivia la primera vez, a cubrir un conflicto justo antes de ir a Gaza la primera vez, la insurgencia indígena, el levantamiento de Achacachi, liderado por el mallku Felipe Quispe. De ahí fui a Gaza y trazaba siempre estos paralelos por tener cierta distancia como observador. Tal vez como tenía el Che en Cuba o cualquier persona que vive en una sociedad que no es la suya y que la integra, pero siempre la ve un poco como de observador, a cierta distancia como yo veo la vida aquí en Londres, hace que uno pueda contar esa historia de una manera tal vez un poco más universal, pensando en alguien que está también a poca distancia de esa realidad que uno está filmando, pero no adentro de ella, sino como observándola y participando de muy cerca, pero sin vivirla, sin encarnarla. Y creo que eso posibilitó que muchas de las razones por las cuales terminaba yendo a lugares que tienen que ver con lo que hay en común, con el internacionalismo y lo que hay en común entre estas luchas a través de las fronteras, de lo cual fui muy consciente desde niño. Si tengo que hacer un paralelo de luchas entre la lucha del pueblo originario en Bolivia, la de los palestinos, la de los kurdos, la de los cachemires, la de los mapuches, claramente ahí puedo trazar una línea. Esa línea es la colonización, el genocidio y la colonización de América y  Medio Oriente.

 -¿Cómo te atravesó Malvinas siendo un niño, cómo lo recordás?

Malvinas como niño fue tal vez uno de los disparadores junto al recuerdo que en ese momento estaba enterrado de los disparos en el ‘75. En el ‘82, la guerra de Malvinas hizo que yo me despertara a otra realidad. Seguí la guerra en un diario de niño que mezclaba recortes de diarios con citas de los reportes radiales que escuchaba, de la televisión, comentarios, y había pedacitos de todo lo que un niño de 12 años en ese momento coleccionaba. Y hay como un seguimiento día a día de la guerra en ese diario, que escribí con birome y que usé después, mucho después, en un corto sobre los veteranos de Malvinas. Me impactó mucho la guerra porque había gente conocida de la familia que fue y combatió en Goose Green, en otros lugares y a los cuales volví a entrevistar después para la película que hice muchos años después, pero sobre todo lo que me enseñó Malvinas fue que la verdad publicada en los diarios no era la verdad, que lo que publicaban los diarios y las revistas podían ser mentira, podían ser propaganda.

-En la actualidad, con el concepto de posverdad se entiende que la audiencia acepta lo que ya cree de antemano, es decir que toma el discurso que ya eligió previamente su conciencia, en lugar de un posible cuestionamiento o análisis de una conciencia crítica, ¿qué opinás al respecto? ¿Cómo estimular las preguntas y el cuestionamiento a lo que nos presentan como “dado”?

Con la acción, con el hacer y el pensar el hacer lo que uno está haciendo, lo que significa. En qué punto lo coloca a uno con respecto a los demás, a lo que está haciendo el otro, a lo que lee del diario, a lo que ve directamente en la calle, a la propaganda que lee, a la propaganda que ve, y a lo que él ve efectivamente en la calle y la historia, tratar de imbuirse de diferentes puntos de vista de la historia. Sin prejuicio, aunque personalmente yo tengo un método que tiene que ver con el marxismo, pero que no se supedita a eso sino que empieza ahí y toma otros elementos de otras dimensiones para entender la realidad, pero si en el análisis histórico, la lógica dialéctica y en la construcción de las propias películas también marca una manera de construir la realidad como relato y de construir el punto de vista por el cual veo a través de la cámara y que se va construyendo también como fruto de lo que leo, veo y sin prejuicio. Y eso de sin prejuicio es más fácil decirlo que hacerlo, porque deseducarse y volverse a educar a través de mirar la realidad y adoptar otros puntos de vista es muy difícil de hacer. Y en estos momentos de atomización de los individuos, de las razones, y con las redes sociales, es muchísimo más difícil todavía aceptar el punto de vista del otro, porque se crean estas cámaras de eco del propio pensamiento que se repiten y se amplifican. En este momento, la gente solamente sale para enfrentarse o a la violencia del Estado directamente o a la violencia de esta lucha que existe hoy de ideologías y de maneras de ver el mundo, más que de clases porque está la clase trabajadora inglesa, hay una parte de esa clase trabajadora que toma los valores y abraza los intereses de la clase media, de las clases altas, de la monarquía, como del establishment en la Argentina y de las corporaciones en Estados Unidos y ese abrazo a las corporaciones, ese abrazo a la monarquía, ese abrazo a los valores tradicionales, retrógrados, conservadores, se encuentra en la acción con una lucha como la lucha por el aborto libre y gratuito en la Argentina, con luchas populares en Colombia y otras manifestaciones de la organización popular que lucha por mantener los derechos que se habían logrado, ahora es como un momento de defensa de eso. 

Guy Debord en “la sociedad del espectáculo” hablaba de que aquello que no existía en la pantalla, no existía, lo que no era espectáculo, lo que no era parte del espectáculo, no era y se suicidó en el `96. Y hoy el panóptico de las pantallas que nos penetran en lo más íntimo y en las conversaciones con nosotros mismos y con los demás a nivel íntimo, obviamente a partir de ahí empiezan a atravesar todo. De esa manera se meten las campañas políticas, los intereses corporativos y la necesidad de crear consumo, el comportamiento de las personas. Si las redes modifican el comportamiento de las personas a futuro y venden esa modificación a futuro como un comoditie, tanto sea para comprar una cosa, un objeto como un deseo o una idea o un candidato o un proyecto. Es inevitable pensar si este es el estado de las cosas ahora, que el punto de vista sigue siendo uno de los puntos más importantes sobre los que hay que reflexionar y sin explayarme mucho, creo que es importante que dentro de esta conciencia crítica exista además la acción critica. La acción crítica que es acción y pensamiento materializado en acción, esa parte es importante, siempre lo va a ser. Todas las leyes que se están tratando de imponer ahora en el mundo para controlar el movimiento de las personas dentro y fuera y entre los países, las leyes para controlar manifestaciones. Toda esta situación de la pandemia facilitó el incremento del autoritarismo legislativo, estatal, corporativo, como hemos visto en el ejemplo de la superliga de fútbol. Descarnadamente los intereses se muestran, como Trump mostró la cara descarnada del racismo norteamericano. El otro día los clubes de fútbol, muchos cuyos dueños son norteamericanos o jeques árabes, también mostraron la cara descarnada del interés corporativo, en este momento de crisis se muestran más claramente las fuerzas en pugna.

-¿En algún momento tuviste que elegir entre el registro y tu vida?

Elegir entre el registro y la vida, eso pasaba a menudo o todos los días, o no sabía uno cuando pasaba realmente, en algunos lugares. Uno podía estar en peligro sin saberlo y de hecho lo hemos estado sin saberlo y muchas veces lo sabía y estaba en peligro y uno hacía el registro. Uno cuando entraba en “la zona” se suspendían las reglas del afuera y se aplicaban las reglas de la zona, y eso incluía registrar a riesgo y uno tenía que simplemente aceptar las reglas de la zona porque si no, no se podía hacer bien el trabajo, si no, no se podía estar ahí, si no, no tenía sentido estar ahí, la única manera de estar ahí y que eso tuviera sentido sin vivir ahí, era para contar lo que estaba pasando ahí y llevarlo hacia afuera.

-¿Qué media entre los intereses del canal que te contrata y tu experiencia personal y humana como documentalista?

Una sola anécdota con respecto a qué media entre los intereses de la empresa que te contrata y mi experiencia personal y humana como documentalista. En el año 2003 cuando estaba a punto de invadir el ejército norteamericano Irak, fuimos a Gaza otra vez, ahí filmamos “The Killing Zone” (La zona de muerte), para Dispatches en Channel 4, que fue un programa muy influyente en la época porque justo estuvimos en el momento que recrudeció mucho la violencia en Gaza, murieron muchas personas alrededor nuestro y ahí vienen algunas de las cosas más complicadas que me tocó trabajar. Y en esa época en cada conversación con el canal de televisión era cuántos cadáveres filmaste hoy, además de otras preguntas contextuales obviamente, mucho menos crudas que ésa. Espero que eso sea claro con respecto a la diferencia entre mi experiencia personal y la del canal, pero eso no se aplica a todas las personas del canal. El canal era súper importante porque mostraba eso y claro protegen los intereses de la posibilidad de transmitir su identidad. Mientras que no son ésos los mismos intereses tuyos estando ahí expuesto a los tanques en el medio de una operación como nos tocó una vez, por ejemplo, con los padres de Rachel Corrie, primera mártir norteamericana en Gaza, aplastada por una topadora israelí tratando de defender la casa de un médico de ser destruida. Estaba tratando de parar la destrucción de la casa y la pasaron por arriba. Fuimos con ellos a filmar y estaba la misma situación de destrucción de casas alrededor nuestro con tanques armados, artillados. El protocolo de seguridad que teníamos nosotros indicaba que teníamos que llamar por teléfono antes de ingresar. Intentamos llamar, se cortaba la señal, se venían los tanques e ingresamos igual. Filmamos todo lo que pasó ahí, salimos, fue todo obviamente a riesgo. Volviendo en Londres, la productora que me había llevado a hacer la película, que había financiado hacer la película -de hecho la produje con un compañero palestino-, me mandó a llamar. Como no se había seguido supuestamente el protocolo para entrar en la zona de actividad de los tanques, me mandaron a hablar con el abogado para tratar de explicarle por qué no se había seguido el protocolo. El abogado entendió perfectamente por qué, pero la lógica no fue allí la de cubrirse a partir de los intereses que no fueran otros que los del canal, en principio, y bueno es así en cualquier gran corporación o hasta en el Estado en que uno trabaje, hay intereses que van mucho más allá del interés de aquel que tiene una misión muy particular, aunque sea en el frente de batalla. Los soldados son los primeros que se sacrifican y después se olvidan.

-Te escuché decir que no usabas chaleco antibala en zona de guerra, podrías explicar por qué?

No usaba chaleco antibala en zona de guerra en situaciones donde yo estaba en una multitud bajo un bombardeo y no quería estar más seguro que los demás por mi privilegio de no vivir con ellos. Si íbamos a compartir ese momento traumático, ese riesgo tenía que ser, si era algo común para ellos, tenía que ser algo común para mí. Y las decisiones de cuándo ponerse los chalecos antibala que los teníamos siempre, obligatoriamente, pero no los usamos nunca, corrían por nuestra cuenta. Entonces decidíamos no tener chalecos antibala en este tipo de situaciones, pero sí tenerlos cuando hacíamos cosas que la población no hacía, como por ejemplo, acercarse a una zona de seguridad, acercarse a un tanque con una cámara, acercarse a un muro, acercarse a un lugar donde hay un tiroteo y la gente se retiraba de allí. En el análisis específico de cada momento, si uno se metía en una situación donde no había gente y se enfrentaba a la maquinaria de guerra, sobretodo del Estado porque con los insurgentes nunca nos pusimos chaleco. Pero cuando estabas frente a un tanque, frente a posibles explosiones de RPG también de la resistencia, pero solamente pasaba cuando uno estaba frente a los israelíes, ahí sí se usaba chaleco antibala, jamás usé chaleco antibala en ningún otro lugar, de manera consistente nunca. Creo que una vez en Cachemira nos pusimos brevemente uno, pero era más que nada para que vieran que teníamos el chaleco, por alguna razón específica que tenía que ver con que nos dejaran filmar en algún lado, pero no era por protección real. 

-¿El trabajo del documentalista consiste también en poner en duda los propios supuestos? 

Una vez hice un cortometraje con el turco Julián siendo confrontado por una de sus víctimas y los presupuestos que manejaba antes de ese encuentro, si yo me hubiera atenido a ellos, lo que pensaba que iba a pasar en ese encuentro, no hubiera estado abierto para capturar tal vez de la manera que se logró capturar lo que realmente pasó. Muchas veces uno va con una idea a un lugar y la realidad misma le muestra algo más profundo, no necesariamente es contradictorio, en todos los aspectos con lo que uno presuponía. Pero tal vez en unos esenciales sí le muestra a uno una luz nueva y uno tiene que estar abierto para, más allá de lo que pensaba antes de ingresar en una historia, en un territorio, en una situación en la vida de alguien, una vez que uno ingresa descubre cosas y hay que estar abierto a descubrir, es eso, es estar abierto a descubrir. Eso es dudar de los presupuestos y no ser prejuicioso, básicamente, y no creer que uno sabe todo y que estar abierto a aprender de los que supuestamente no saben nada es lo mejor que uno puede hacer. A uno le cuesta mucho sacarse de encima lo que uno ya sabe. Entonces hay que hacer el ejercicio de concentrarse en lo demás porque ya sacarse lo que uno sabe es duro. Es mejor estar bien abierto a plantearse dudas y todo el tiempo aunque sea siempre la misma conclusión volver de cero todos los días a plantearse la hipótesis de trabajo que uno tiene y contrastarla con lo último que uno vio. Un ejemplo muy simple y uno de los primeros en mi primera entrada a Gaza. Todas las advertencias que me habían hecho sobre seguridad para estar acá tenían que ver con el miedo a las facciones islámicas y a la resistencia palestina. Y cuando entré y filmé y estuve ahí un tiempo, pasó el bombardeo y las incursiones, me di cuenta que en realidad a lo que realmente le tenía que tener miedo era al ejército israelí y que la historia no pasaba necesariamente por entender por qué había gente que se suicidaba para atacar objetivos israelíes, sino qué pasó por la dinámica de ocupación, reacción y bombardeo y masacre que se inició en el 2001, no solamente en Gaza, pero en Gaza también y estábamos ahí para capturar el momento de inicio de esa lógica que continuó hasta hace muy poquito, hasta ahora. Todos estos 20 años. Ahí el ejemplo de dudar de los presupuestos y estar abiertos a reformular la historia, es un ejemplo de eso.

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-A qué le tuviste más miedo trabajando?

Muchas veces tuve miedo a diferentes niveles de ser seguido por autoridades o miedo físico por estar en una balacera, bombardeo o situación de agresión. De muchedumbre violenta, represiones de todo tipo, con la guerrilla escapando del ejército, pero sí cuando uno está filmando insertado en un grupo es parte del grupo y vive y muere con el grupo. Uno tiene que estar listo para eso. Ahí se tiene miedo, como la vez que nos escapamos con un comandante y tres guerrilleros en medio de la noche de un lugar porque se venían los helicópteros y fuimos a otro lugar a unas horas y en medio de la noche y la nada, y ahí se escucharon unos ruidos que parecían que eran paramilitares que nos estaban cercando y el comandante se da vuelta y me pregunta si alguna vez había huido de noche con la cámara y en una balacera y le dije que no, que esperaba que no fuera esa la primera vez y no hablé más porque había que hacer silencio y pasó ese momento. Ese fue un momento bastante complicado, pero es el que más recuerdo de miedo. Además del primero de ver los helicópteros israelíes alineados frente al hotel nuestro disparando misiles al lado, sin saber si iban a disparar al nuestro. Esa primera locura del miedo, el primer funeral y los disparos al lado de mi oído al cielo, esa adrenalina que te corre hasta estar filmando a los tanques pasar con la torreta apuntando hacia uno, estar contando los segundos porque sabe uno perfectamente porque han matado a gente así antes, -en ese caso, hacía pocas semanas-, uno sabe que a uno le pueden pegar un tiro en ese momento y eso tal vez hoy lo recuerdo y digo no sé si lo haría hoy, pero sí cada vez que puedo uso ese plano.

-Cómo viviste este período de confinamiento al que nos llevó el COVID? Filmaste la vuelta de Evo Morales a Bolivia, qué nos podés compartir de tu experiencia de estar allí en este nuevo contexto?

El COVID hizo que yo volviera a terapia a tratar cosas similares, o las mismas que traté en la primera, fue una época muy parecida, un momento de excepción donde afuera hay peligro. Solamente que sin la misión necesariamente clara. Por lo menos al principio. El encierro, la falta de movilidad, me afectó sobretodo en los últimos meses en Londres con la última ola. El año pasado logré viajar bastante y entre esos viajes fue uno para filmar las elecciones en Bolivia, siguiendo a Luis Arce y a David Choquehuanca a quien conozco hace 15 años y a quien filmé mucho y me interesaba seguir en esta parte del proceso de cambio, que empecé a filmar en el 2001. Poder volver a Bolivia después de haber estado encerrado tanto en Buenos Aires en un departamento como en Londres en una casa sin ver a mucha gente y estar en las montañas en el medio de una manifestación del MAS, en un pueblo en el medio de los Andes, en el medio de la gente, fue arriesgado, pero fue un placer enorme y me salvó y me curó ese baño de gente y la experiencia allí de que volviera a ganar el pueblo. Esta vez la situación también en pandemia estaba muy descarnadamente expuesta en Bolivia y era muy claro, cada lado, con quién, para qué, por qué, todo estaba clarísimo y así salió la elección, clarísima. 

-Por qué decidiste vivir en Londres?

Realmente no decidí vivir en Londres cuando me mudé a Londres, sino que vine aquí para hacer una especialización en documental y después me quedé por trabajo y me fui quedando y me di cuenta que era una excelente base para hacer este trabajo y poder vivir de él. Y a partir de ahí me hice más latinoamericano me parece inclusive, y estuve en Latinoamérica como la mitad del tiempo y la otra mitad en el Medio Oriente. Y si no hubiera estado en Londres, tal vez no hubiera sido práctico o tan posible eso ni lo hubiera podido hacer como trabajo, entonces al final la decisión tuvo que ver con hacer lo que uno ama.

-Qué es lo que más te gusta de tu profesión?

Viajar, vivir, compartir con los demás y compartir momentos que son importantes para los demás y para uno y para la sociedad en general y a veces hasta para la historia. De eso tengo varios momentos que algún día me sentaré a escribirlos. Mi hija me pidió que los escriba y sí, la verdad que son un montón. Tener todos esos recuerdos es lo que más me gusta de mi profesión y todos los recuerdos que están por venir. Lo vivido y lo hecho y que quede ahí, haber podido mostrar cachos de historia que están ahí y estarán ahí y quedarán ahí y espero que la generación que viene con mi hija cuide las cosas que vayan pasando y que queden ahí como memoria que nosotros vivimos y memoria que sirva para la acción. No para la acción de destruir más el mundo y no ser empático con el otro, no la acción de la crueldad y la destrucción y el genocidio y la división y el prejuicio, sino la acción de ser más empático, de entender más al otro y de ponerse más en su lugar, de tener más responsabilidad con el otro y con uno mismo y con esta tierra.

-Qué fue lo más lindo que leíste y/o escuchaste durante el aislamiento obligatorio?

Durante el aislamiento obligatorio lo más lindo que escuché fue la voz de mis hijos.

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Palestina: imágenes robadas https://vimeo.com/269752992

Rodrigo Vázquez @rodrivaz69

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