Por qué es importante vacunar

En el marco de la Pandemia de COVID-19, debemos apoyar a la campaña de inmunización más grande de la historia, para poder volver a una nueva normalidad.

La Semana Mundial de la Inmunización busca dar a conocer la importancia de tomar una acción colectiva, de comunidad, para promover el uso de las vacunas que nos protegen de decenas de enfermedades que podrían ser mortales para millones de personas. 

La vacunación es la forma más eficaz de prevenir enfermedades, y se basa en un concepto muy simple: enseñarle al sistema inmunológico que nos protege, a que responda de una forma más eficiente frente a las enfermedades que nos rodean. Los inmunólogos lo que hacen es entrenar a este sistema mediante una vacuna, para que conozca al patógeno antes de que entre, esté preparado y  pelee mejor contra dicha enfermedad.

Pero un concepto muy importante en vacunación e inmunización es el de proteger a la comunidad. Gracias a la Pandemia de COVID en la que estamos inmersos, muchos conocen lo que es el “Efecto rebaño”. El vacunarse no sólo nos protege como individuos, sino que ayuda a proteger a la comunidad como un todo.

Hay gente que no puede vacunarse, por tener inmunodeficiencias, y otras personas pueden no llegan a hacerlo por diferentes razones, pero si la mayoría es vacunada se produce una protección indirecta que es lo que se conoce como efecto rebaño. Al estar casi toda una comunidad vacunada el patógeno no circula, y así, todos están protegidos, incluso aquellos que no pueden hacerlo. Pero, para alcanzar esa protección comunitaria la mayoría de la población necesita estar vacunada.

¿Cómo funciona una vacuna?

La mayoría de las vacunas, incluidas las que se están dando ahora para COVID-19, usan fracciones de virus, purificados o recombinados, o incluso sólo ácidos nucleicos, como ADN o ARN. Algunas otras utilizan lo que se llama el virus inactivado, para lo que se trata al patógeno a fin de que no pueda enfermar.

Luego se bombardea al sistema inmunológico con esos fragmentos. El sistema reacciona y se entrena, para que cuanto el patógeno causante de la enfermedad alcance a penetrar las defensas sea acorralado por el sistema inmune, que ya estará sobre aviso del peligro gracias a la vacuna.

“Las vacunas, junto con el agua potable y las mejoras en la higiene y mayor acceso a la atención médica, son las principales medidas para el mejoramiento de la salud de la población”, dijo Emilio Malchiodi investigador UBA/Conicet y profesor titular de Inmunología en la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires.

Como también explicó la viróloga de la UBA Lucía Cavallaro: “La estrategia de la vacunación ha sido la más exitosa para poder proteger a los individuos de la infección o de la enfermedad viral y evitar la diseminación de los virus. Las vacunas tienen como función estimular la respuesta inmunológica protectora, es decir que, si el individuo vacunado entra en contacto con el virus, se activa la memoria inmunológica y el virus no puede infectar o si infecta, el individuo no enferma”.

“Los individuos con respuesta inmune específica para un determinado virus son los que limitan o impiden la transmisión del virus en una población”, continuó Cavallaro, profesora titular de la Cátedra de Virología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA, y también presidenta de la Sociedad Argentina de Virología.

¿Por qué vacunar?

“La vacunación ha permitido un gran control, o aún la eliminación de enfermedades infecciosas, como ocurrió con la viruela, enfermedad que causo la muerte a millones de personas, y que fue erradicada en 1970 gracias a la vacunación masiva”, explicó Emilio Malchiodi, quién actualmente está trabajando en el desarrollo de una vacuna contra el Mal de Chagas, en el Instituto de Estudios de la Inmunidad Humoral de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA-Conicet.

Una baja en la vacunación, sea por el movimiento anti-vacuna o por falta de planes de salud eficientes, llevan a brotes, o a epidemias de enfermedades que podrían prevenirse, y que devienen en consecuencias serias para la salud de la población general, no sólo para cada individuo.

“Se estima que una persona con sarampión puede infectar a otras diez”, afirmó Malchiodi. “Es una enfermedad que tiene una mortalidad elevada y puede dejar secuelas importantes, como la ceguera o la sordera”.

Hubo casos en Europa y en Estados Unidos de epidemias de sarampión por la caída en los niveles de vacunación, que causó numerosas infecciones y  muertes. “Es por eso que la mayoría de la población debe estar vacunada porque proveen inmunidad de rebaño”, enfatizó Malchiodi.

Investigación en vacunas

Para Malchiodi “el rol de la universidad pública en la investigación científica es fundamental e irremplazable, porque con el financiamiento del estado, que incluye a las universidades, al CONICET y a la Agencia Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, se pueden encarar las investigaciones de enfermedades olvidadas, que no cuentan con el interés de las empresas privadas”.

“Existe una lista de enfermedades prevenibles por vacunación para las cuales se necesitan vacunas mejores o para las que no hay vacunas disponibles todavía”, contó Malchiodi. “Entre ellas se pueden mencionar: malaria, tuberculosis, enfermedades diarreicas, infecciones respiratorias y SIDA que causan 1-3 millones de muertes anuales en el mundo”.

Otras posibles de prevenir mediante investigación de nuevas vacunas son las infecciones emergentes y reemergentes como Dengue, Chinkungunya, Zika: con miles de enfermos, muertes y deficiencias neonatales.

“Tampoco hay vacunas contra la mayoría de las enfermedades parasitarias como enfermedad de Chagas, leishmaniasis, esquistosomiasias, trichinellosis e infecciones parasitarias intestinales”, afirmó Malchiodi.

“Se requiere, además, mejorar las vacunas existentes para que sean más efectivas, más seguras y más económicas. Por estas razones es tan importante la inversión pública en investigación y desarrollo de nuevas vacunas”, concluyó Malchiodi.

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