Se estrena Manifiesto, de Alejandro Rath con Pompeyo Audivert

Una de las premisas de Dadá y de parte del Surrealismo era lo lúdico como componente privilegiado de la obra.

¿La Revolución debería ser una invitación a jugar?

Fuente: Leedor

La teoría crítica suele hablar efusivamente de este tema. Ahora bien, creo que no se puede, y se confunde la teoría donde el juego es necesario para la creación con el arte como juego , con lo que algunos artistas hacen que es invitar al espectador a jugar, estas son tres esferas que no necesariamente se vinculan, la reseña oficial de Manifiesto al hablar del componente lúdico deja suponer otra cosa de lo que sucede, es de esto de lo que vamos a hablar aquí.

Si hay alguien que descubrió que el arte es juego fue Nietzche. El filósofo alemán opuso lo lúdico al “deber ser” de la filosofía tradicional, apeló a una antigua sentencia de Heráclito donde dice que la filosofía debe ser juego. “Pero él se dirigió al santuario de Ártemis para jugar a los dados con los niños. Volviéndose a los efesios que se pusieron al pie a su alrededor, les dijo: “vosotros canallas ¿qué os sorprende? ¿no es preferible hacer esto que cuida de la polis?”. Agrega Heidegger (Alemania 1889 — Alemania 1976): el pensar de Heráclito es determinado siempre a partir de la cercanía del juego, y si algo así como el juego llega a revelarse en el pensar pensante de lo por-pensar” (Heidegger , Heráclito pg.33,1943)

Desgraciadamente, en este sentido la seriedad de la búsqueda del bien platónico dominó la escena de la filosofía y el arte durante los restantes siglos, tanto los siglos anterior a Nietzsche como quizás gran parte de la producción actual también.

¿Qué es lo que opone Nietzsche diciendo que nosotros jugamos para no caer en el abismo del ser? Sostiene que el humano es el único animal que percibe en su horizonte e aburrimiento , para huir de éste se convierte en un animal que juega, el juego es la invención que le da a los afectos “algo que hacer”, ese algo que hacer, es el misterio del origen del arte, dejándonos una famosa fórmula que reza: “la huida del aburrimiento es la madre de las artes

Nietzsche contrapone el juego a la idea de que nosotros somos en tanto trabajamos, entendiendo al trabajo como fundante de lo humano. No nos funda el trabajo sino el juego que es la form que tenemos para eludir hundirnos en ese abismo que es el ser, despoja el arte de todo romanticismo y lo pone en términos como: somos seres que tienen la posibilidad de jugar y eso nos eleva de la condición natural.

Por otro lado, es Henri Rousseau, “el aduanero” (el empleado de puerto francés que se convirtió en uno de los grandes pintores modernos) (Laval 1844 -París 1910)llamativamente coincidente en vida al italiano Emilio Salgari (verona 1862 -italia 1911, (también empleado portuario) que descubre, en contra de “los Picasso”, que el arte no debe cargar ni con la responsabilidad de pensar el ser, ni con la responsabilidad de develar la historia, o sea elige un camino que no da cuenta de Kant ni de Hegel, elige jugar y si me permiten la digresión, que sin saberlo ni proponérselo se adelantó como el único y verdadero Surrealista. (opinión del autor)

Si hay un movimiento que levanta el juego es Dadá y no los surrealistas, esto tiene motivos incluso de clase, de donde provienen unos y otros, qué relaciones establecen con la academia, que se permiten pós su propia condición de clase y que no. Los surrealistas no juegan, tienen por objetivo develar el inconsciente donde se halla la verdad de lo humano, fetichizan el inconsciente en una lectura bastante elemental de Freud. Se atasca la mayoría en una linealidad entre los conceptos de sexualidad, libido o inconsciente queriendo poner imágenes a conceptos abstractos, hecho sobre lo que Hegel había hecho advertencias imágenes que pronto muestran sus límites y se agotan, quizás en este sentido la poesía, es el único lenguaje que pudo aportar piezas de belleza inigualable, problema al cual el film no hace ninguna referencia,

Esto es una suerte de secreto a voces: los diversos movimientos no tienen las mismas posibilidades de desarrollo en los distintos lenguajes.

Volviendo a lo lúdico, hay que tener en cuenta, si Nietzsche está en lo cierto que toda creación artística requiere de lo lúdico, que no hay creación sin juego. El problema radica en que si éste es convocante o no. Siempre digo con un amigo que el hay músicas en las que los únicos que se divierten son los que tocan, el resto, el público queda relegado a ser escuchas de la maestría, siempre ajena. Cierto jazz rock adolece de esto.

Como decía, jugar no significa invitar a jugar, y viceversa, Pasolini en su trilogía de la vida, en ningún momento declama el juego y en ella siempre hay una invitación a jugar.

Jugar es crear, pero para eso debe haber condiciones que lo posibiliten, (Devenir jugando, Smalinsky, 2020) enunciar que algo es lúdico, no crea por sí misma esas condiciones, todo lo contrario. No hay cosa más antierótica que alguien que se cree erótico alguien que te invita con sólo la enunciación.

En esta línea se puede decir también que el abusador siempre dice: fue jugando, es un chiste, no entendiste el juego, o sea declamar al juego, muchas veces es una forma de abuso.

Volvamos al tema, no ser serio no significa jugar, los Surrealistas no juegan es dadá quien juega, el surrealismo hace política por derecha o por izquierda, el arte en el 40 necesariamente se debe alinear, es urgente: fascismo, nazismo, comunismo, anticomunismo, trotzkismo; Bretón va optar por intentar un diálogo con Trotzky, de esto supuestamente se trata el film argentino Manifiesto.

El problema radica en varios puntos que hacen naufragar, a mi juicio, lo que finalmente hubiese sido una interesante obra de teatro, tan interesante como la del dramaturgo Británico Michael Frayn (UK 1933), sobre la misteriosa reunión entre Bohr y Heisenberg en Copenhagen, la misma fue llevada al cine sin perder interés por Howard Davies en 2002 (Howard Davies, 2002, UK)

Jugar no alcanza para hacer una obra de arte, y menos cuando los únicos que juegan son los autores, quizás el momento más lúcido del film es cuando un cartel en negro, a la manera de un metatexto, como un corante ausente, anuncia que no entiende de qué se trata lo que están haciendo, el espectador se sonríe, porque tampoco él sabe lo qué está pasando.

Cuando Visconti (Roma 1906 — Roma 1976) para dar un solo un ejemplo, filma la novela corta de Thomas Mann (Imperio Alemán, 1875 — Zurich, 1955), Muerte en venecia (Visconti, 1971, Italia francia) no despedaza la novela para mostrarnos a la manera de una hamburguesa deconstruida, no se entiende el por qué de ésta actitud los autores de Manifiesto, hacia el texto.

Trotsky todo el tiempo declama como un actor de teatro vocacional, es siempre una parodia de sí mismo, todo aquel que en un punto tiene algún cariño o respeto por él, a un rato de la película, siente la vergüenza ajena por “el criador de conejos”. En ningún momento se trasluce la tragedia de un hombre que organizó y dirigió el Ejército Rojo; que perdió hogar y patria, y que pronto perderá también la vida. Asì expuestas, parecen más las palabras de un militante que aprende de memoria los textos del revolucionario, y no me digan que esa es la idea, porque como temo, decir que el film está construido con un guión que se rehacía día a día y que se dejaron llevar por lo lúdico, no puede inhabilitar la crítica a la obra terminada, vuelvo al abusador que se victimiza para descalificar la acusación, si es juego, no hay posibilidad de crítica.

Hoy en dia no se puede no ser referencial: el bosque de pinos al bosque de alisos o abetos, la casa, la AV/BAK (Besonias Almeida Kruk, 2011) construida en los bosques de Mar Azul, gracias a las tomas de Torcazzo remite más a Zabriskie Point (Antonioni, 1970, EEUU) que a la casa de muros rojos de Coyoacán, una casa grande pero humilde, decorada con artesanía Mexicana y cuadros de Rivera y Frida Kahlo. Coyoacan, si bien retirada no es de provincias, la casa de Coyoacán ni es moderna ni representa las inversiones inmobiliarias de la costa, en estilo neo moderno americanizante, casas de veraneo que permiten a los dueños vivir de rentas (aspiración de todo argentino) tampoco es la casa moderna en que hubiese vivido Trotsky en México, que con mucha probabilidad hubiese sido una casa Barragán.

Los paseos ámbos, probablemente fueron en los bosques de Chapultepec, cuyo colorido y vivacidad lo hace bien distinto a la melancolía que se destila “a lla Borges” en esos bosques, melancolía que por alguna misteriosa razón tiñe las costas de pinares en argentina.

La casa AV/BAK fue construida para alquilarse y se siente en lo frío y despojado de su interior, frente a la solemne, pero cálida casa de Coyoacán, por otro lado, los actores parecen implantados en ese espacio, un espacio que verdaderamente está desaprovechado desde el punto de vista fotográfico y del arte, las que parece que fueron tomas de apuro, algunas sub expuestas otras sobreexpuestas o simplemente pobres y sin criterio de continuidad.

Que sea un colectivo o que no tenga presupuesto, hoy en dia no justifican esos errores que son más bien desprolijidades.

Una idea que si no fuese rectora en el film “El libro de Eli” (Hughes Brothers, 2009, EEUU) tendría mucho más poder y es el libro en braille donde Bretón mira, Entreacto (Entr’acte)(René Clair, 1924, Francia). Bien montado, bien actuado momento alto del film, Lo que parece aportar algo “creativo” una imagen fuerte por un aparte no se desarrolla, queda flotando la pregunta de por que el libro en braile, Bretón es ciego? ciego a que? Si no es así y no hay nada que de una pista sobre esa buena idea (acá aparece lo excluyente y por ende abusivo de este juego) es un fatal error de concepto, si no tiene por objeto historizar el paso de breton por Dadá; conceptual, Entreacto resume el texto del manifiesto Dadá de Tristan Tzara, este error lo refuerza con la música de Eric Satie, que también es Dadá y no Surrealista, es un error que epistemológicamente descalifica la película, es como querer hablar de arte eclesiástico y desconocer que Hildegard Von Bingen fue una mujer.

A costa de ser repetitivo, retomo la idea del error. Hay que leer los manifiestos de uno y de otro . Quizás la confusión es que Breton en el año 24 escribe dos manifiestos Dadá, lo cual convierte al posible ensayo en un trabajo práctico, una investigación a las apuradas, ideas que creen que son geniales por no haber constatado que hace mucho otros las llevaron adelante, no es plagio pero tampo conciencia, es haber cursado materias de historia y no haber profundizado en sus problemáticas.

Un momento “poético”, pero qué va a ser el francés sino poético, qué no es poética una voz a lo Birkin recitando una fábula, sobre la derrota de la izquierda en fábula perruna, al mejor estilo de la isla de los monstruos.

Por otra parte, me llamó la atención que la película toma como central la discusión de si el arte tiene que ser completamente libre o si esa libertad termina en la defensa de la revolución, digo que me sorprendió, ya que es el teórico Grüner el que usa ese tópico para la presentación del libro homónimo, reforzando la idea de trabajo práctico.

Finalmente debo de agradecer al director haber incluido Parque Centenario, un lugar donde mi perro y yo hemos pasado tardes entrañables, tórridos medio días de sol a plomo, de hermosos atardeceres o noches de neblina, tanto como Mar azul, cuya belleza hogar de caranchos, del sol que se entremezcla entre las hojas de los pinos cuando se oculta el sol o el sonido cristalino de la mañan, como las posibilidades lumínicas de una casa que fué construída para la fotografía, cosas que de eso nada se ven en el film.Leedor

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